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Una día inolvidable en el suburbio de Mamelodi en la ciudad de Pretoria

El viernes 19 de noviembre del 2010, tuve la oportunidad de pasar el día con niñosy niñas que viven en diferentes zonas marginales de la ciudad de Pretoria. Aprovechando que el equipo iba a realizar un test físico y no era necesaria mi presencia, Mark Andersen, uno de nuestros asistentes y yo, acudimos en representación del club al suburbio de Mamelodi.

Nuestro equipo tiene su origen en dicho suburbio, de ahí su nombre, Mamelodi Sundowns F.C.ABSA, uno de los grandes bancos de Sudáfrica, patrocinó el evento, organizando un torneo de fútbol en el cual formaron parte varias escuelas de la zona. Todas las equipaciones que utilizaron los diferentes equipos fueron costeadas por dicho banco, además de los típicos refrescos y bocadillos.

La mayoría de la gente que acudió a dicho evento era de color, un montón de niños, con sus familias, disfrutando de una mañana soleada, teniendo la oportunidad de jugar al fútbol y divertirse.Me senté en la hierba, a pie de campo, a la izquierda de la tribuna habilitada para el evento, detrás de una de las porterías. Poco a poco varios niños de color se fueron acercando, niños y niñas de entre 9 y 10 años. Al principio permanecían distantes, me miraban, se reían, me saludaban pero no se acercaban.

Al de pocos minutos se sentaron junto a mi, a un par de metros de distancia y comenzaron a hablarme, a hacerme preguntas.Podía entenderles bastante bien, aquí en Sudáfrica, es más fácil entender el inglés de las personas de color. Normalmente su primera lengua es el Zulu (mayoria), el setsuana, el sesotho, el sesotho sa leboa, el shosa, el venda, el tsonga o el suazi y aunque hablan inglés perfectamente no lo hacen tan rápido ni tienen esa  típica pronunciación inglesa que tienen los blancos y que a menudo es tan difícil de entender.

En 1991 se decretó el fin del apartheid, hace solamente 19 años, con lo cual muchísima gente de color no pudo tener acceso a la educación y a la lengua inglesa hasta dicha fecha. Lo que si hablaban también además de su lengua era el “Afrikáner”, aunque más bien por imposición que por libre elección. Es como si una inmensa mayoría de los que hemos nacido en 1972 y en Euskadi, no hubiéramos tenido la oportunidad de acceder a la escuela y aprender el castellano hasta 1991. Hasta los 19 años nuestra única lengua habría sido el euskera.

Al poco tiempo de iniciar la conversación, en la distancia, se saltaron la barrera de los dos metros, se pusieron justo a mi lado y posteriormente me rodearon. Me sentía como un extraño, como un bicho raro, no hacían más que tocarme. Les llamó muchísimo la atención mi pelo, decían que era “soft” (suave) y no hacían más que pasarme la mano por la cabeza y decirme “your hair is very nice” (tu pelo es muy agradable). Todos ellos permanecían con los ojos abiertos como platos, observándome.

Vestía un chandal de manga larga y cuando vieron el bello de mis manos les llamó también mucho la atención, no hacían más que intentar subirme las mangas, querían ver mis brazos para ver si estaban también cubiertos de bello.

Era como si me estuvieran explorando, de los brazos pasaron a la barba, de la barba a la nariz, a las cejas, luego pasaron al cuello, estirándome la camiseta para ver si el bello también cubría mi pecho. Me dio la sensación de que nunca habían tenido la oportunidad de tocar a un hombre blanco, su comportamiento me hizo llegar a esa conclusión. Además, si tenemos en cuenta que todas las personas que habitan en estos suburbios son personas de color no es de extrañar que es fuera cierto.

Como curiosidad, comentaros que el porcentaje de blancos en Sudáfrica no supera el 9%. Pero lo que más me llamo la atención no fue eso, lo que más me llamo la atención fue lo cariñosos que eran, no hacían más que abrazarme, cada uno estaba sujeto a una parte de mi cuerpo, dos se colgaban de mi cuello y otros tantos de cada brazo, de cada pierna y mientras, acariciaban mi pelo, mi barba, mi nariz. Me dio la sensación y no estaba equivocado, de que les faltaba cariño.

Era normal, la mayoría de ellos provenían de hogares rotos, con padres separados, tampoco era de extrañar, cuando no se tiene ni para comer es muy complicado mantener la estabilidad en un hogar, cada uno mira para si mismo y pueden llegar a perderse todos los valores familiares. Hubo un momento que hasta me sentí agobiado, llevaba más de una hora en aquella situación, sin poder moverme, con todos aquellos niños y niñas observándome, tocándome, abrazándome. Mark estaba a unos metros de mi posición, le dije que se acercara, que me echara “una mano”, se reía observando la situación.

Nada más levantarse y sentarse a mi lado los niños se acercaron a él con la misma curiosidad. Nos preguntaron si éramos hermanos, dos personas blancas, entre tantas personas de color ¡Tenía su lógica!Aprovechamos para sacar unas fotos con lo niños, a ellos les encanto, les hacía muchísima ilusión una vez sacada la foto, verse en la pequeña pantalla. Las cabezas se agolpaban sobre la cámara cada vez que les mostraba como había quedado cada una de las fotos.

Al finalizar el torneo y despedirnos de los niños se nos quedo una sensación extraña en el cuerpo, una sensación entre alegría, lástima y tristeza, creo que quedo bien reflejada en una de las fotos que nos sacamos instantes antes de montar en el coche para volver a casa. Aunque os resulte extraño, este año, es la primera vez que me dedico a sacar fotos como ésta y guardar recuerdos.

Gracias al fútbol, he vivido en ciudades como Zaragoza, Vitoria, Plasencia, Cáceres, Badajoz y he visitado muchas más, pero apenas tengo recuerdos plasmados en fotografías, es más, no tengo ni las fotos de los equipos en los cuales trabajaba cuando vivía en esas ciudades.

Este año quise que fuera diferente, dos o tres días antes de partir para Sudáfrica me preocupe de comprar una cámara para evitar que me sucediera lo mismo.Como tantas otras cosas aquí, situaciones como las vividas con los niños permanecerán siempre en mi recuerdo, hay veces que cuando me acuesto, todavía soy capaz de ver aquellas  sonrisas, ojala no las olvide nunca, ojala, no les falte cariño nunca.

Johannesburgo, Domingo 30 de noviembre de 2010 (Sudáfrica)