Las secuelas de un país inmerso en un pasado complicado

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Las secuelas de un país inmerso en un pasado complicado

Hace unas semanas fui a almorzar a un restaurante que se encuentra en un centro comercial próximo a Melrose Arch, la zona donde vivo. Es un “mall”, nombre con el cual llaman aquí coloquialmente a los centros comerciales, situado a escasos 5 minutos conduciendo al cual se puede acudir también andando.
Dejé estacionado el coche en un parking subterraneo así que tras terminar el almuerzo me dirigí al ascensor para bajar al parking, recogerlo y volver a casa. Entre al mismo tiempo que una chica de color, de unos 30 años. Nada más entrar al ascensor la chica pulsó el botón y los dos nos situamos de frente, mirando hacia la puerta. Justo cuando las puertas estaban a punto de cerrarse aparecieron dos señoras, blancas y de unos 60 años. Una de ellas decidida, metió un brazo y una pierna en el espacio que aún existía entre las dos puertas y evitó que estas se cerraran.
El mecanismo automáticamente accionó de nuevo el sistema de apertura y las puertas volvieron atrás, momento que aprovecharon las dos señoras para entrar en el ascensor. Cual fue mi sorpresa cuando una de ellas se dirigió a la chica de color recriminándole el cierre de las puertas. Le dijo que se acercará a la zona donde se encontraban los botones del ascensor y comenzó a explicarle:

– Mira ¿Ves este botón de aquí, el que tiene unas flechas señalando hacia fuera? ¿lo ves? Pues mira este es el botón que tienes que pulsar cuando quieras que las puertas se abran.

Me estaba quedando perplejo, no daba crédito a lo que le estaba oyendo, estaba tratando a la chica de color como si fuera estúpida perdida. Pero aún no acabó ahí la cosa, la señora continuó diciendo:

– Y ahora ¿Ves este otro? ¿El que tiene unas flechas señalando hacia el interior? ¿Lo ves? Pues mira, este sirve para que las puertas se cierren.

La verdad es que tuve que tragar saliba tres veces y mirar hacia otro lado para intentar mantenerme callado, la situación me estaba pareciendo de una falta de respeto terrible. Es entonces cuando la joven respondió:

– No se pensará usted señora, que yo no se eso.

– No lo debes de saber, si lo sabrías no hubieras cerrado la puerta. Contestó la señora.

Cuando la joven accionó el botón para que las puertas se cerraran no había nadie en el exterior, en los escasos tres segundos en que las puertas tardaron en cerrarse fue cuando aparecieron las dos señoras. Es más, pienso que ellas ni si quiera fueron capaces de ver quién fue la persona que presionó el botón para que las puertas se cerraran.

Fue entonces que ante la de nuevo mal intencionada contestación de la señora la joven de color, algo molesta contesto:

– Señora, soy negra pero no estúpida.

Justo en ese preciso instante las señoras, por primera vez desde que entraron en el ascensor, alzaron su mirada hacia mí y se quedaron observándome, cómo queriéndome decir si no iba a actuar ni comentar nada ante tal irrespetuoso comentario de la joven.

Es en ese momento cuando ofrecí mi mejor sonrisa, la de “Sweetman” guiñé el ojo y dije:

– Este es un país libre señoras, disfruten de su día.

La joven en cuestión era mi amiga Siqnobile, de padre Zulú, madre Pedi y diplomada en relaciones públicas. Trabaja en una empresa que se dedica al marketing desde hace ya muchos años. Esa tarde habíamos almorzado juntos y nos disponíamos a recoger nuestros respectivos coches del parking para volver a nuestros hogares.

Johannesburgo, Miércoles 11 de abril de 2012 (Sudáfrica)