El derecho a tener un mal día, por José Carrascosa Oltra

Estar permanentemente ilusionado, ser eternamente feliz, alcanzar cualquier meta que uno se proponga, superar cualquier adversidad que se cruce en el camino es sencillamente imposible. Asistimos a un discurso retórico y hueco que parece ir calando en nuestra sociedad de tal forma que cada vez se acepta menos y se lleva peor la posibilidad de estar mal, llegando a rechazar el  malestar.
Es tal la presión de mensajes relacionados con la felicidad, la ilusión, la fortaleza mental, la superación… que no va siendo de recibo confesar “me siento mal, tengo un mal día, estoy atravesando una etapa difícil, me está costando superar esta mal momento”. Reivindico el derecho a tener un mal día, a desanimarse, a sentir temor, a estar de bajón…
Lo hago porque lo contrario es negar la realidad y porque el malestar es inherente a la felicidad. El amor conlleva desamor, la ilusión desilusión, la alegría tristeza, la armonía conflicto. Qué aburrido y qué simpleza sería estar siempre feliz.
El mal día es muy sugerente, ayuda a reflexionar, fomenta la creatividad, invita al relax, enseña a relativizar, recoloca las prioridades, hace que nos conozcamos mejor, ensimisma, acerca a aquellos que nos quieren de verdad, enseña a ser paciente y a perseverar, a ser un poco sufrido. El día malo nos ayuda a tomar impulso y a valorar las cosas en su justa medida.
No me gustan tanto los héroes que se muestran todopoderosos como aquéllos que confiesan tener sus momentos de debilidad pero consiguen salir adelante. Me gusta saber de esas personas cómo gestionan sus malos momentos, cómo toleran su frustración, cómo utilizan su malestar para aprender. No hay nadie que no tenga sus momentos de sufrimiento.
El fallecimiento de María de Villota me ha hecho pensar. Su legado no es tanto el éxito, los títulos, ni siquiera haber sido la primera mujer española en ser piloto de F1, como su sonrisa y los valores que ha trasmitido tras su accidente, relacionados con la superación.
¿Pero alguien puede ignorar que también convivía con momentos realmente duros? Sus migrañas, sus desánimos, su desesperanza… lógicamente quedan para la intimidad. Habría sido interesante e instructivo que nos hubiera aleccionado sobre cómo superar los malos momentos.
Tengo la suerte de trabajar y haber trabajado con bastantes deportistas paralímpicos de  primer nivel. Soy colaborador del Comité Paralímpico Español. Sin duda he aprendido más de ellos, en lo personal, que ellos de mí, como psicólogo, aunque todos se muestren muy agradecidos para conmigo. Son ejemplo de esfuerzo y superación.
Logran metas que nunca habían imaginado, han sabido redirigir sus vidas. Lo suelen contar y compartir de forma que aprendemos de ellos. Pero se reservan algo muy interesante desde mi punto de vista, cómo viven sus malos momentos, cómo toleran y hacen llevadero su malestar, frustración, desánimo, cómo consiguen darle la vuelta y salir del mal día.
Ellos tienen malos días como los tenemos todos. Como los conozco puedo decir que ellos suelen tener más recursos para gestionarlos que una persona sin discapacidad. La dificultad les ha ido entrenando en cómo superar el malestar, la necesidad ha hecho en ellos virtud.
Además de mi trabajo con deportistas, trabajo como psicólogo en una zona social muy castigada por la crisis. Son personas habituadas a la lucha diaria por la supervivencia, simplemente comer y llevar una vida con cierta dignidad. Con estos colectivos sociales me llega a parecer inmoral el discurso de la eterna felicidad, de la permanente ilusión, de que cualquier meta es posible si te lo propones.
En el trabajo con estas personas tomas conciencia de algo que a menudo se olvida, que la tolerancia al malestar es necesaria para seguir esforzándote y que en ocasiones la felicidad está en saber aliviar el dolor, en recortarle terreno a la desgracia.
La actual crisis de nuestra sociedad nos está cambiando, está haciendo que revisemos nuestros valores. A muchas personas que vivían muy bien les ha pillado poco preparadas y están siendo torpes en aceptar y gestionar el malestar de su mal momento. Aprender a gestionarlo sin duda será un paso en el camino que les llevará a salir adelante.
Cuidado pues con las afirmaciones rotundas relativas al éxito y a la felicidad. Hay que desconfiar de ellas. Muchos profesionales de la psicología y/o coaching corren el riesgo de convertirse en los nuevos charlatanes del siglo XXI, poseedores del elixir que lo cura y lo consigue casi todo.
Tampoco quiero que sirva mi reflexión para justificar a los pesimistas y a aquellos que se visten de víctima. Entender y tolerar el malestar es un paso previo para superarlo, nada que ver con instalarse en él y en el lamento permanente. Un mal día lo tiene cualquiera, malos días los tenemos todos; cuando todos los días son malos algo está fallando y hay que hacérselo mirar.
Reivindico pues el derecho a tener un mal día, es más, bienvenido sea pues suele ser un buen consejero. Un mal día enseña, de un mal día se aprende, sácale partido al mal día y acaba saboreándolo, incluso.
José Carrascosa Oltra
(Psicólogo del Deporte / http://www.sabercompetir.com/)  @sabercompetir
¿La frase para la mañana del día de hoy? “Todo el mundo puede tener un buen día. El problema aparece cuando tenemos un mal día. Es entonces cuando nos ponemos a prueba. En un sentido tangible, un mal día, mucho más que un buen día, muestra nuestra verdadera esencia” (Arthur Golden).