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El rendimiento es un estado de ánimo, por José Carrascosa Oltra

Si le preguntas a un futbolista te dirá abiertamente que no es lo mismo jugar con confianza que sin ella. Con confianza hay energía, dinamismo, alegría, decisión, atrevimiento, ideas claras, iniciativas en el juego, seguridad, poca fatiga; en cambio sin confianza las sensaciones son muy diferentes, nerviosismo, inseguridad, dudas, tensión muscular, temor a fallar, lentitud en las tomas de decisión, torpeza en los gestos técnicos… El rendimiento es radicalmente distinto con confianza o sin ella.
Es una vivencia que ha tenido cualquier persona en algún momento. A veces nuestro trabajo se ha visto bloqueado por la inseguridad, mientras que en otras la ilusión y la confianza nos ha hecho estar especialmente eficaces o productivos. El estado de ánimo es decisivo en nuestro rendimiento como factor facilitador o limitante, de forma que se ve zarandeado por nuestros propios estados emocionales.
Hay futbolistas con calidad técnica y talento que suelen encontrar dificultades para trabajar a su mejor nivel, acercarse a su rendimiento óptimo. Al igual que ocurre en el plano individual sucede a nivel colectivo, al equipo. Hay equipos que difícilmente alcanzan su rendimiento óptimo, acorde al potencial de su plantilla, debido al ánimo colectivo.
¿Cómo se puede explicar que un equipo pueda obtener varias victorias seguidas para a continuación sufrir varias derrotas? Entrenadores y  futbolistas hablan de una dinámica ganadora y de una dinámica negativa. No es así, no es cuestión de rachas. La explicación hay que buscarla en la factura emocional que tienen las victorias y las derrotas.
Ganar incrementa la probabilidad de volver a ganar, la victoria trae más victorias gracias a su efecto positivo sobre la autoconfianza, la motivación y el equilibrio emocional. En cambio una y otra derrota inhiben el talento debido a la ansiedad y el estrés que generan. La psicología explica perfectamente cómo los estados emocionales favorecen o inhiben el rendimiento individual y colectivo desde la Teoría del Flow (Csikszentmihalyi.1985). Rendir de forma óptima está unido a un estado emocional muy concreto, caracterizado por una armonía o equilibrio interior. Las características que identifican este estado emocional son las siguientes:
A nivel mental:
– Inteligente, en estado de alerta, con la “mente limpia”.
– Conociendo perfectamente la tarea y sintiéndose competente en ella.
– Con la atención focalizada sobre el juego, muy concentrado.
– Procesando el juego casi de forma automática, sin esfuerzo, con la sensación de no pensar.
– Leyéndolo y resolviéndolo de “memoria”.
– Libre de conflictos o barreras internas como dudas, exceso de responsabilidad, temor a fallar, urgencia de hacerlo bien,  necesidad de resultados, y aceptando el reto de trabajar más y mejor que el rival.
– Sintiendo el duelo con el rival, con la decisión de imponer el trabajo y superar al rival.
– Con la idea de realizar un trabajo colectivo.
A nivel emocional:
– Con equilibrio emocional o ajuste de tensión, con la activación nerviosa idónea, es decir:
– Relajado a nivel muscular, tranquilo.
– Lleno de energía a nivel mental, alegre, dinámico, muy despierto, sintiendo la adrenalina necesaria para competir. El estado ideal de ejecución se asocia a un disfrute intrínseco inherente tanto al máximo esfuerzo como a la acción de jugar y competir, logrando que jugar y competir resulte una experiencia óptima.
Al rendimiento óptimo se llega desde emociones positivas, claridad de la tarea, confianza, ilusión, atrevimiento, reto, equilibrio emocional, disfrute… En cambio el rendimiento disminuye desde emociones negativas, activación excesiva, dudas, temor, inseguridad, enfado, ansiedad, exceso de responsabilidad…
El futbolista puede aprender a manejar sus propias emociones y ser más autónomo ante las circunstancias, siempre cambiantes y en ocasiones adversas. Debe prepararse para vivir la competición más exigente desde el máximo esfuerzo pero también desde la confianza y el disfrute. El entrenador es el responsable de crear un clima de rendimiento, que invite a liberar el talento individual y colectivo; se convierte en un alquimista en busca de la pócima emocional del rendimiento.
José Carrascosa Oltra Psicólogo del deporte @sabercompetir