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El efecto Pigmalión o la profecía autocumplida, por Tamara de la Rosa

Es increíble cómo las expectativas que los demás tengan hacia nosotros puede condicionar nuestros éxitos o fracasos en nuestros objetivos. Cuando alguien nos alienta, nos motiva, cree en nosotros y en nuestras posibilidades, nos sirve como una inyección de fuerza y energía que nos empuja a ir hacia lo que deseamos. Somos sensibles a las expectativas de otros y esto mismo es el efecto Pigmalión.
De la misma manera, todos podemos ejercer de efecto Pigmalión sobre las personas que nos rodean, pero ¡cuidado! Porque igual que este efecto puede ser favorecedor y beneficioso, también puede tener un resultado negativo. Puede derrumbar y enterrar las ilusiones y limitar enormemente el potencial de una persona.
Seguramente, todos hemos tenido un Pigmalión en nuestra vida. Un pigmalión positivo, es aquel que saca lo mejor de nosotros. Alguien que confía en ti, que cree en tus posibilidades y por ello te apoya y te anima a seguir luchando hasta conseguir lo que deseas. Esa persona que, tras cada caída, justo en ese momento que estas pensando en tirar la toalla, el o ella, la coge, te seca el sudor y te empuja a continuar.
Sus palabras y mensajes te motivan, te dan seguridad, aumentan tu autoestima y ganas confianza en ti mismo. Puede ser la figura de un padre, madre, entrenador, jefe, un amigo, un hermano… Está demostrado que en el ámbito laboral un trabajador obtiene mejores resultados cuando las expectativas de sus jefes y compañeros son positivas. Lo mismo ocurre en el ámbito familiar. Nuestros hijos conseguirán mejores resultados en los objetivos que se marquen si nuestros mensajes hacia ellos son motivadores y de confianza.
El efecto Pigmalión nace en la mitología griega. Pigmalión, rey de Chipre, buscaba con ansia la mujer perfecta para casarse con ella. Al pasar el tiempo y no encontrarla, decidió dedicar todo su tiempo a crear bellezas con sus manos, en forma de esculturas y estatuas hasta crear a Galatea. Una estatua femenina que, por su belleza y perfección, Pigmalión se enamoró perdidamente de ella.
Soñaba a todas horas que Galatea cobraba vida hasta que un día, Afrodita, la diosa del amor, por tanto esfuerzo en buscar y alcanzar lo que tanto deseaba, lo premió dándole vida a esa bella estatua. En psicología llamamos a este efecto profecía autocumplida. “Solo si creemos que podemos conseguir algo, lo conseguiremos”. Y es que el efecto Pigmalión también se da en las expectativas que uno tiene sobre sí mismo.
Ya te habrás dado cuenta que, cada vez que te propones algo, dentro de tu cabecita aparece un angelito que te habla de manera racional y positiva y un demonio con mensajes cómodos y negativos. Si alguna vez te has propuesto dejar de fumar o empezar a ir al gym, seguramente, al llegar el día que te has marcado como inicio, el angelito te habrá animado a que comiences con tu plan mientras que el diablito, te habrá dado mensajes tipo: “Ahora no es el momento, empiezo el próximo lunes, total un día antes un día después da lo mismo…”. Tres aspectos a tener en cuenta:
– Cuando la vocecilla del demonio te intente convencer, habla contigo mismo en voz alta repitiendo los mensajes que te da tu ángel racional. Hablar con uno mismo no es de loco, te ayuda a no distraerte y decidir tú donde pones el foco de atención.
– Si no eres capaz de actuar como pigmalión de ti mismo, trata de rodearte de personas positivas que tengan confianza en ti y te produzcan ese efecto.
– Nunca olvides que puedes tener un efecto Pigmalión mas o menos grande en otras personas, por lo que es muy importante que aprendas a utilizarlo de manera positiva para ayudarles a desarrollar todo su potencial, porque recuerda que todos tenemos un potencial. Solo debemos descubrir qué herramientas son las que hemos de usar.
Tamara De la Rosa (Psicóloga) @tamarareinventa tamaraconsulta@gmail.com https://www.facebook.com/reinventatetamara