Más preparados pero menos competitivos, por José Carrascosa

Los jóvenes de ahora son muy diferentes a los de hace diez o quince años. No tienen nada que ver con aquéllos, no son mejores ni peores, son  muy diferentes. Los profesionales que trabajamos con ellos, como entrenadores, profesores, responsables de recursos humanos, coincidimos en esta apreciación.
El escenario de trabajo y el material humano con el que trabajamos ha cambiado sensiblemente. Un exfutbolista que jugaba al más alto nivel hace ocho o diez temporadas, metido actualmente en funciones de entrenador de equipo profesional, me mostraba su desconcierto y alejamiento respeto a la forma de ser de los futbolistas actuales y me preguntaba cómo podía “entrar” a los jóvenes de hoy en día para conseguir su compromiso.
La generación joven es sin duda la más preparada que ha existido nunca jamás. Como potenciales trabajadores muchos de ellos tienen una o dos titulaciones, hablan un par de idiomas, manejan las nuevas tecnologías, han salido al extranjero y tienen una experiencia más amplia a la de su propio contexto. Como futbolistas la inmensa mayoría se han formado en  escuelas de fútbol, son buenos futbolistas, tienen calidad, dominan los fundamentos del juego, tienen una buena condición física, tienen hábitos de vida saludables, se cuidan…
Existe mucha calidad o talento, hay mucho dónde elegir entre los jóvenes actuales pero adolecen de algo determinante en el rendimiento, COMPETITIVIDAD. Los jóvenes de hoy en día son poco competitivos. Entre ellos no abundan los individuos que se superen siempre, hayan interiorizado la cultura del esfuerzo y del sacrificio, sean ambiciosos, estén dispuestos a luchar por metas aplazadas y a largo plazo debiendo renunciar a satisfacciones más inmediatas.
Sepan vivir en los cambios, que sean pacientes y perseverantes ante la dificultad, convivan con los imprevistos o contratiempos, toleren la frustración cuando no les va según sus expectativas, pongan pasión en lo que hacen, sean “calientes” o agresivos en el buen sentido de la palabra… Están preparados, tienen calidad pero les cuesta competir. El joven que dispone de estos valores marca la diferencia porque es un oasis en medio del desierto.
Además, como usuarios de las nuevas tecnologías los jóvenes de hoy procesan mejor imágenes que palabras; se les puede motivar mucho más a través de un vídeo que de una charla, que ellos interpretan como “sermón” o “misa”. Las tecnologías de la información han hecho que los jóvenes sean menos gregarios o más individualistas, pues pasan mucho tiempo conectados a su smartphone, ordenador o tableta que a cultivar sus relaciones sociales y afectivas.
Comparten menos tiempo en grupo, hablan menos entre ellos, lo hacen más a través de las redes sociales. Los círculos de “conocidos” es mucho más amplio gracias a las redes sociales pero la complicidad es menor con su grupo de amigos. Están más ocupados, tienen menos tiempo libre, ven la tv solos en su  ordenador, chatean… Son más individualistas y el vínculo o compromiso con sus “amigos” es más débil.
La explicación no está tanto en ellos como en la sociedad moderna. Los jóvenes son una consecuencia de nuestra sociedad actual. Han sido educados en la satisfacción de lo inmediato y son magníficos usuarios de las nuevas tecnologías y de las redes sociales. Los jóvenes futbolistas están preparados, tienen calidad, son respetuosos, obedientes, disciplinados, trabajan bien, se cuidan, son buenos profesionales.
Pero les cuesta atreverse, arriesgar, perseverar, tener paciencia, disfrutar en el esfuerzo, exigencia y dificultad máxima. Las dificultades les superan, se agobian, enfadan, desaniman, incluso acaban renunciando o abandonando. Tienden a anteponer su interés individual frente al objetivo común, lo inmediato a lo aplazado, no siendo conscientes de que es el equipo quien les va a ayudar realmente a satisfacer sus propias metas.
El joven futbolista es una realidad nueva para los entrenadores, incluso para aquéllos que eran futbolistas hace poco tiempo. Son un buen material de trabajo pero nuevo y diferente respecto a generaciones anteriores. Son todo un reto para quien ha de trabajar con ellos.
Los entrenadores están obligados a encontrar las claves para la gestión eficaz de las emociones individuales y colectivas, en este nuevo escenario de trabajo dibujado por los futbolistas de ahora. Necesitan volcar su esfuerzo, mucho más que nunca, en estimular la competencia individual y potenciar la cohesión grupal. Son aspectos que no puede esperar a que surjan de forma espontánea, sino que ha de trabajarlos, potenciarlos y consolidarlos.
También han cambiado las motivaciones individuales del futbolista. Ya no le estimula como antes la “camiseta” y el “escudo”. Hay que buscar nuevas motivaciones que conecten con él, mucho más próximas a sus intereses, como obtener reconocimiento, sentirse protagonistas, ser importantes, encontrar disfrute, sentirse partícipes en las tomas de decisión, saber que se cuenta con ellos para alcanzar compromisos… Ya no funcionan el enfado, la amenaza, la reprimenda y el castigo como método, utilizados de forma ocasional pueden ser efectivos pero como herramienta habitual no tienen eficacia y alejan mucho al entrenador de sus futbolistas.
Así pues, hoy en día el material humano y el escenario de trabajo han cambiado para los entrenadores por cuanto los jóvenes dibujan una realidad diferente a la que han de dar respuesta. Siendo que la igualdad es máxima entre los futbolistas actuales, los buenos equipos serán aquéllos que, con calidad similar, logren estar muy cohesionados y ser muy competitivos.
Ello requiere de un perfil de entrenador nuevo, un ingeniero grupal y emocional, mucho más que disponer de mano izquierda en la dirección del equipo. Los clubes habrán de tener un poco más de paciencia porque el desarrollo de un buen proyecto va a requerir un poco más de tiempo hasta construir un equipo cohesionado y competitivo.
Desde mi experiencia profesional he de decir que el jugador de fútbol es consciente de que ha de ser muy competitivo y que éste es un aspecto a  mejorar en la mayoría y que les ayudará a ser mejores futbolistas. Un síntoma que evidencia esto es la creciente demanda individual por parte del futbolista, incluso al margen de su club, por incorporar el entrenamiento psicológico a su preparación deportiva.
José Carrascosa Oltra Psicólogo del deporte @sabercompetir

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