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Hay que escuchar con la cabeza, pero dejar hablar siempre al corazón

Desde que ví esta intensa y personal entrevista de Marlon Becerra a Víctor Valdés, surgió en mi mente la idea de escribir este artículo para mi Blog Personal, pero la verdad es que no encontraba en momento. El ambiente emocional en el que me muevo desde mi vuelta de Sudáfrica ha cambiado tanto, que a menudo me cuesta encontrar el momento para liberar mi mente y plasmar en un escrito aquello que surge de lo más hondo y libre de mi pensamiento.
Quizás hoy sea el momento. Si os soy sincero no me ha sorprendido nada de lo que en la entrevista Víctor Valdés ha dicho, pues comparto muchas de sus reflexiones y pensamientos. Pero me ha agradado, y mucho, la forma en la cual se ha desnudado al hacerlo. Algo muy poco común cuando todavía eres un futbolista en activo. No creo además que sea demagogia, ni tan siquiera un lavado de cara, sino una declaración sincera de lo que ha sido su forma de vivir el mundo de la portería y su experiencia en el fútbol.
Sin conocerlo, siempre he tenido la sensación de que Víctor ha sido siempre un tipo raro, de esos “difíciles”, y todo un reto para cualquier entrenador de porteros. No tan solo por la calidad que atesora, sino también por su fuerte carácter. No obstante, es un juicio de valor sin peso ninguno, pues no tengo la gran fortuna de conocerlo, ni haberlo tratado y, seguramente, no la tendré en la vida. Y más teniendo en cuenta que no es a Valdés al que quiero conocer, sino a Víctor. Me interesa mucho más todo lo que pueda contarme acerca de su experiencia personal y su forma de sentir y vivir el mundo del fútbol y de la portería, que saber acerca de todos sus logros y títulos, tanto individuales como colectivos, conseguidos.
Entrando de lleno en la entrevista, me quedo con tres de las preguntas que le formularon y, cómo no, con sus correspondientes respuestas. La primera de ellas fue: ¿Volvería a ser portero? “No, no volvería a ser portero. Es una cosa que seguramente cambiaría. Siempre he dicho que me hicieron creer que servía y por circunstancias de la vida fue subiendo hasta profesional. Y ahí tuve la suerte de que confiaron en mí. Pero no es un camino fácil y seguramente no me ha compensado los años que has sufrido con lo que han ido bien”. Contestó.
No podría estar más de acuerdo con él. Incluso me atrevería a decir que la razón por la cual ocupé esa demarcación como futbolista en activo hace ya un tiempo fue la misma. Eso si, salvando las distancias en cuanto a la calidad y categoría. Seguramente no lo volvería a hacer. Ni incluso me gustaría, en el caso de tenerlos, que alguno de mis hijos lo hiciera. Me parece una de las demarcaciones más ingratas y más duras para un futbolista. Mientras que aún perdura la leyenda de que todos los porteros tienen que estar “locos”, yo sigo pensando que tienen que ser tipos inteligentes, tanto a nivel de toma de decisiones como emocionalmente hablando. ¡Como me aburre esa falsa leyenda! Y que absurdo es ese discurso.
Seguramente, la demarcación del portero es la más criticada y comentada del mundo del fútbol, además de ser también la más desconocida. Y no tan solo por los aficionados, sino también por los propios técnicos de los equipos, presidentes, directivos y directores deportivos. Es por eso que a veces no podemos evitar sentirnos unos bichos raros en un mundo en el que todos entienden tanto y nosotros, en cambio, seguimos día a día y sin descanso tras la esencia de lo que es o debería ser este trabajo.
Personalmente, haber jugado de portero me compensa porque me ha dado la oportunidad de aprender conductas, comportamientos y vivir y compartir experiencias (tanto mías como de compañeros) que me han orientado en la búsqueda de un camino, el del entrenador, que es el medio que empleo para ayudar a otros a conseguir sus sueños. Y todo ello con el objeto de que cuando dejen de jugar de portero, no piensen como Víctor Valdés o como yo lo hago.
Porque si os soy sincero, hoy en día, lo que nos hace falta a los entrenadores es enseñar a disfrutar del trabajo a nuestros porteros, y sobre todo educarlos en valores, implicación y compromiso. ¡Y desde las edades más tempranas! Pues tal y como dijo Marcel Proust: “El verdadero viaje del descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos”. Esta es la diferencia, la esencia de lo que es ser entrenador y el secreto de ser un gran entrenador en una nueva era.
La segunda pregunta elegida es: ¿Hay días en que desearías no estar ahí? “Claro que tienes días en que deseas no estar ahí, porque mi historia con el fútbol se resume en que me han hecho creer que servía para esto. Me “auto convencieron” de pequeño y no me ha quedado más remedio que aceptarlo y coger ese camino con la máxima disciplina. Ha sido trabajar, trabajar, trabajar pase lo que pase y al final he llegado a la cima. Pero si yo te tuviera que hablar de fútbol hablaría de miles de momentos de sufrimiento”. Dijo.
Y seguramente es así porque, por desgracia, magnificamos el sentir y amplificamos las emociones durante los momentos malos mucho más que lo hacemos durante los momentos y las vivencias positivas. Al igual que muchas veces nos marca mucho más la gente “tóxica” con la que nos cruzamos que la buena gente a la que amamos. A menudo lo negativo, no nos deja ver lo mucho que tenemos de positivo en nuestras vidas. Para darnos cuenta de esto nada mejor que hacer referencia a una frase de Saturnino de la Torre que dice: “Aprende a mirar donde ya miraste y trata de ver lo que aún no viste”.
El fútbol, un mundo que desde hace mucho tiempo nos empeñamos en pintar de blanco que está, para todos los que no lo conocen de dentro y observan desde fuera, un tanto sobrevalorado. Seguramente, de todos los sectores laborales en los cuales he trabajado (operario diferentes cadenas de producción, reponedor, dependiente, embalador, carga y descarga de buques, administración, asistencia telefónica, operario de rampa de aeropuerto etc..), el ambiente laboral más turbio me lo he encontrado en el fútbol. Paradojas de la vida, teniendo en cuenta que es un trabajo vocacional y en el que todo el mundo debería ser feliz y disfrutar.
Y esto no es únicamente una opinión personal, sino que es algo que surge de reflexiones oídas de boca de gran cantidad de compañeros de profesión y de trabajo. Claro esta que la gente considera que esto se justifica con el sueldo. Pues parece ser que Victor Valdés no está del todo de acuerdo y que de lo que hablaría son de esos miles de momentos malos y de sufrimiento. Hay veces que cuando pienso en el fútbol me vienen a la cabeza guerras de guerrillas, luchas de poder, de ego, de intereses y conflictos ante los cuales es muy difícil mantenerse “digno”.
La de tiempo y energía que perdí en su día combatiendo para defender mi castillo de dignidad y de ego. Tanto lo primero como lo segundo te pasan factura en esto del fútbol. La dignidad porque mantenerla te va a crear muchos enemigos, y el ego porque es la cosa más absurda que hay en el firmamento. Tener la razón esta sobrevalorado. No obstante soy de los que aprendo “a medias”. La dignidad la sigo manteniendo porque no quiero ser amigo de todo el mundo a cualquier precio. El ego hace ya un tiempo que lo mandé al “carajo”, y vivo con esa inmensa suerte. ¿Qué es lo que nos mantiene en esto entonces y nos compensa?. Pues seguramente la oportunidad y la inmensa fortuna que es poder vivir de lo que es para nosotros nuestra pasión y convertirla en nuestra filosofía y estilo de vida. Quizás por aquella gran fase de Confucio que dice “Elige un trabajo que te guste y no trabajarás el resto de tu vida”.
Recuerdo que en varias ocasiones, tras finalizar los 20-25 minutos de gloria (trabajo específico de entrenamiento con mi particular Ejército de las Tinieblas”) que tenía a diario le comentaba a nuestro analista, Goolam, que a veces se encontraba grabando: “Esto, querido Valodia (así era su apellido) es la puta felicidad, me da la vida. Es la jodida felicidad. la verdadera”. Eso si, se lo decía en inglés. Sonaba así “This, my dear Valodia, is the fucking happiness. This is giving me the life. Is the fucking happiness, the real one”.
¿Y la tercera y última pregunta?. Una que hace referencia al lado más amargo del fútbol, al de las lesiones, que dice: ¿Qué enseñanzas le ha dejado la lesión? “Voy a dejar de lado a la gente que te deja solo, voy a dejar de lado que el mundo del fútbol te hace sentir un lisiado… pero voy a explicar una que, gracias a Dios, viví: la lesión me hizo volver a sentir lo que es la vida no siendo futbolista. Me fui a Alemania para recuperarme, era difícil, pero yo lo iba a conseguir sí o sí y pasara lo que pasara”. Los futbolistas vivimos una vida irreal. Volví a la vida real, a pagar un café, a tocar monedas… y esa cura de humildad me ha servido ahora que he vuelto a la actividad como futbolista profesional. Yo vengo de tres meses en Augsburgo, de comprar mi billete de tranvía, de ir con muletas, de estar solo. Eso no me lo quitará nadie”. Contesta.
¡Qué poca memoria que tiene el fútbol! Nada como no generarse expectativas ni esperar nada de nadie para no llevarse decepciones. Yo sigo a rajatabla esa famosa frase de William H. Stein de: “Hay que tener aspiraciones elevadas, expectativas moderadas y necesidades pequeñas”. Y sobre todo otra que dice “Uno es tan feliz como sepa cubrir las necesidades que tiene”. Mejor dicho, “que uno se crea”, porque a menudo nos creamos tantas necesidades que siempre tenemos que correr detrás de ellas y proyectar nuestra felicidad en torno a lo material, corriendo siempre tras las necesidades que hemos creado torpemente.
Esto, sin duda alguna, es algo muy importante cuando uno tiene que cambiar de estilo de vida y vivir como el resto de los mortales. Es algo tan práctico como no ensuciar para no tener que limpiar, como comer bien para no tener que pasar muchas horas en el gimnasio para mantener nuestra figura. Es una cuestión de ser inteligente para que cuando lleguen las “vacas flacas” no nos veamos amenazados y condicionados por nuestras necesidades. Seguramente es uno de los mayores legados que me han otorgado mis padres; valorar las cosas, comprender y saber lo que cuestan, vivir con humildad y sencillez.
Indudablemente uno siempre ajusta sus gastos al nivel de sus ingresos, pero es importante no perder nunca el “norte” y saber valorar las cosas por lo que cuestan, más que por lo que valen. A pesar de que tal y como dijo alguien alguna vez; “Hay cosas más importantes en la vida que el dinero pero…cuestan tanto”. Esto último también es cierto, tanto como que hay personas tan pobres, tan pobres, tan pobres, que solo tienen dinero, mucho, mucho dinero.
Desde aquí, querido Víctor, agradecerte la sinceridad y que te mostraras al “descubierto” en la entrevista. Y sobre todo, desearte muchísima suerte de todo corazón en esta nueva etapa de tu vida, la del descubrimiento, en la que ya no buscas nuevos paisajes, sino que ves con nuevos ojos. En la que miras donde ya miraste y eres capaz de ver lo que en su día no viste. ¿La canción de hoy? La que me ha inspirado y generado las emociones suficientesl para escribir este artículo: “See you again” de Wiz Khalifa.
Ha sido escucharla y pulsar de nuevo al “play”, una y otra vez, hasta dar por finalizado el artículo. La música, el mayor amplificador de emociones del mundo. ¿La frase del día de hoy? “Hay que escuchar con la cabeza, pero dejar hablar siempre al corazón” (Marguerite Yourcenar). Dedicado a todos aquellos que saben escuchar a los que hablan con el corazón y, sobre todo, a aquellos que lo hacen sin elaborar juicios de valor de forma anticipada y libres de prejuicios. Y tal y como dice la canción, querido Víctor: “Ha sido un día muy largo amigo, y te diré todo acerca de él cuando te vea otra vez. Hemos recorrido un largo camino desde donde empezamos, y te diré todo acerca de él cuando te vuelva a ver”. El cielo sigue siendo el límite. Siempre lo es.
Jon Pascua Ibarrola
Bermeo, Viernes 18 de septiembre de 2015