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Ser un entrenador de doce buenos muletazos o triunfador en Las Ventas

Es bien sabido a estas alturas de nuestras vidas que todos aprendemos de todos y que nuestras compañías y las conversaciones que tenemos con éstas nos hacen crecer, ampliar, y muchas veces descubrir, diferentes puntos de vista, perspectivas y formas de ver las cosas. Esto es lo que me sucedió el pasado miércoles  28 de octubre durante mi actual visita a la ciudad de Badajoz.
Me encontraba comiendo con Don Fernando Valbuena Arbaiza, una tipo entrañable e interesante que tuve la oportunidad de conocer en mi etapa como entrenador de porteros en el C.D Badajoz durante su último ascenso a la segunda división B la temporada 2009-2010, antes de dar comienzo a mi larga etapa de 5 años en Mamelodi Sundowns, el club de mis amores sudafricano.
Don Fernando (tal y como yo lo llamo), abogado de profesión, comentarista taurino, casi periodista, experto gastronómico y ex presidente del histórico un año después de su desaparición y que devolvió al club a la tercera división, entre otras cosas, es un tipo culto de conversación interesante, con el cual pasar dos o tres horas nunca es tiempo perdido. Entre plato y plato nuestra charla derivó curiosamente hacia eso, hacia nuestras capacidades y posibilidades de disfrutar del tiempo, del tiempo vivido, incluso el del trabajo.
Y de como a menudo la ansiedad por ocupar ciertos puestos nos puede llevar a pagar un precio excesivo por tener como única finalidad una perspectiva muy limitada de lo que es el éxito. Hablamos del “fin”, que nunca puede justificar los “medios” empleados para su consecución, y de la importancia del disfrute de recorrer el camino y del que nos queda por recorrer. Es en este punto cuando me miró fijamente y haciendo referencia, con cierta perspectiva, a lo que él aprecia en mi filosofía de trabajo y de vida, y me dijo:
Mira Jon, yo siempre lo digo. Hay dos tipos de toreros. Los que quieren salir por la puerta grande de “Las Ventas” cortando dos orejas y el rabo, y los que saltan al ruedo, sea en la plaza que sea, con la única idea de dar doce buenos muletazos y disfrutar mientras los están dando. Tú, si serias torero, serías de los segundos. Ese es realmente el éxito, torear para disfrutar, y no para conseguir el trofeo. A lo que le contesté:
Querido Don Fernando, a pesar de que me gustaría salir a hombros y por la puerta grande de la plaza de “Las Ventas”, tengo la inmensa suerte de que no lo necesito para sentir que tengo éxito en mi trabajo. Y ¿Sabes porqué?. Le pregunté.
No tengo ninguna duda. A mí me lo vas a preguntar que llevo años leyendo lo que publicas; porque la felicidad está en el camino y no en el destino. Me dijo.
¿La frase del día de hoy? “El éxito, si no está conectado con el deseo real de ser uno mismo, tiene un sabor amargo” (Pilar Jericó). Y sobre todo porque la felicidad, o en este casi el éxito, no son un destino al que llegar sino una forma de viajar. Gracias Don Fernando por tu siempre interesante compañía. Y por cierto, para el señor Valbuena, la forma más rápida para ver el cielo de la Puerta Grande de Madrid es precisamente soñar esos 12 muletazos. Día tras día. Y es que para él, el camino más corto entre dos puntos siempre pasa por las estrellas…
Fotos: Un servidor junto a la estatua situada en la Plaza de la Soledad, próxima a la Plaza Alta, del “Porrina de Badajoz”, cantaor flamenco extremeño (portada y arriba). Don Fernando Valbuena Arbaiza (sobre estas líneas).
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