El congreso de Talca: conocimiento, arte y amor en Sudamérica infinita

Hace un par de días leí en algún lugar que los detalles de la experiencia real se hallan a menudo muy alejados de las leyes fundamentales. Pues bien, eso es precisamente lo que sucedió la semana pasada durante el Primer Congreso de Entrenadores de Arqueros que tuvo lugar en la ciudad chilena de Talca, al cual tuve la gran suerte de ser invitado en calidad de ponente por Martín Gutierrez, un joven de apenas 24 años que organizó el mejor evento deportivo que he tenido la oportunidad de disfrutar en mi vida.
Un evento que preparó con la ayuda de una numerosa y entrañable familia, la cual me abrió las puertas de su hogar y en la que pude observar lo importante que es el amor en la vida y lo inteligente de que cada uno de nosotros sepamos saber vivir nuestra realidad. Siempre estaré agradecido a esta familia, a Sudamérica infinita y a sus gentes, por todas sus muestras de cariño, respecto, hospitalidad y agradecimiento recibidas. Tantas como que uno ya no sabe quién es el que da y quien es el que recibe.
El Primer Congreso de Entrenadores de Arqueros de Talca fue un evento que tuvo la capacidad de aglutinar a “profes” de toda Sudamérica; no por nada más del 80 por ciento de sus asistentes llegaron al congreso desde el exterior de Chile. Culturas de entrenamiento, la búsqueda de la alquimia, la esencia del entrenamiento, el arte, el deporte, el amor, el sentido del humor, el respecto, la ética, los valores, los principios y la capacidad de disfrutar de la vida fueron los contenidos.
Sin desmerecer al resto de los ponentes que participamos en el evento, me quedo con la exposición realizada por el profe Juan Carlos Gutierrez. Tuvo la gran capacidad, gracias a su humildad y generosidad, de invitar a los asistentes a participar y hacerlos dueños de su ponencia con una propuesta; la de realizar, por grupos y en cinco minutos, tareas relacionadas con seis manifestaciones diferentes de la fuerza. Varias nacionalidades saltaron a la cancha para trabajar los diferentes conceptos. La exposición alcanzó su punto álgido cuando cuatro jóvenes argentinos procedentes de Rosario saltaron al pasto y presentaron su propuesta con una espectacular puesta en escena de un trabajo de estabilidad realizado a la carrera.
El ver una sesión de entrenamiento de aproximadamente 60 minutos en la que participaron diferentes entrenadores de arqueros de diferentes nacionalidades fue algo muy especial. Doy gracias al Profe Gutierrez por haber tenido la sabiduría para hacerlo, a pesar de los malos entendidos provocados por el uso de los diferentes términos metodológicos para referirse a lo mismo. Conceptos como el del “gorrión desplumado” hicieron también su aparición. Y las habituales palabras de aliento en forma de “Están ahogados… lloren y desahóguense”, no se hicieron esperar. Gran cantidad de curiosas frases célebres inundaron de sentido del humor la cancha. Frases que no pueden ser codificadas en palabras por haber sido declaradas “secreto de sumario”. Por primera vez en un congreso me conecté con la madre tierra a la vez que tomaba un amargo mate que me quemó la lengua. Saludos de beso y abrazos hicieron el resto en un continente muy avanzado respecto a Europa, en cuanto a la expresión del cariño dentro del género masculino.
Alguna cabezadita de algún profe bajo el toldo, alguna “miradita” seria para ayudar a la gente a captar la atención, pizzas, canelones, el sol, el calor y, porque no decirlo, algo de fútbol, hicieron también las delicias de los asistentes. Incluso pudimos disfrutar de un pequeño temblor que algunos, situándose a un solo pie, aprovecharon para realizar trabajos preventivos. ¿Terremotos en Chile? Estas gentes están tan acostumbradas a caer y a levantarse de nuevo que esos pequeños temblores no significan nada para ellos. Interesantísimas también las ponencias de los jóvenes valores chilenos que participaron en el Congreso. Desde aquí decirles que espero, de todo corazón, tengan la suerte de que en su país aprecien su trabajo y no se vean tapados por entrenadores de arqueros de otros países u otros continentes que quizás no tengan su capacidad de trabajo, reflexión y conocimientos. Recuerdo que sus nombres eran Stephano y Bruno.
En definitiva, una auténtica maratón de ponencias y de exposiciones que terminaron con el bautismo de Christian Lelli (un joven argentino de 19 años fiel seguidor del Profe Jon Pascua) subido a un atril en la sala. El que fuera el goalkeeper coach de Sundowns, en calidad de mentor, tuvo el placer de oficializar su bautismo en el difícil arte de la portería, cortándole su castaña melena y dejando al cero su cuero cabelludo entre los aplausos de la sala. Gran exquisitez la manifestada por el “Profe” y su ayudante Gabriel Bosch en el difícil arte de la peluquería.
Un cambio de “look” totalmente merecido. No por nada la noche anterior el joven, que compartía con su “profe” la idea del diseño de tareas como un medio de expresión personal, tuvo a su mentor respondiendo a sus preguntas hasta las cuatro y media de la madrugada. En la entrega de los diplomas se pudo observar incluso la utilización del engaño y del amago por parte de algún asistente ataviado con una camiseta que portaba el número ocho. ¡Se llevó una gran ovación!.
Todo el mundo tuvo su tiempo y su momento. Incluso el “Tío”, que en el tiempo y el espacio menos esperado nos dejó su visión sobre la “Teoría del Filtro” (El Cerebro, el hígado, el pancreas y el riñón), haciendo la comparativa con los componentes de un cuerpo técnico, y de las personas “aspiracionales” (las que se creen superiores a las demás) bajo la atenta mirada de su joven, y porque no decirlo, bella sobrina, y todo tipo de pelotudos, boludos, repelotudos y reboludos. Esto último en referencia a un tipo que tuvo la osadía de llamarme “mezquino”.
Y todo esto bajo la atenta mirada de un psicólogo muy humano que dicen se llamaba Nicolás, al cual le encantaba el grupo Europe y que portaba un teléfono muy viejo y antiguo que parecía ser una cutre imitación de una BlackBerry. Tan cutre, tan cutre , tan cutre como la maleta con la que viajaba un tal Gambande, que no nos dejó pegar ojo en el trayecto de vuelta en autobús desde Talca a la capital Santiago. Sobre este señor comentar que por las mañanas la cosa se le complicaba en la azotea, con grandes problemas tanto por la escasez como por la dirección tomada por su cubre cabezas o folículos celosos. Un buen hombre, por cierto.
Se me olvido decir que tras mi presentación, enfocada al juego aéreo haciendo hincapié en la conexión de tareas, estuvimos a punto de perder la vida en un coche durante otra de esas brillantes charlas del “tío”, que conducía como si tuviera ojos en la nuca mientras “Cabeza” (luego hablaré de él) gritaba: “Dele, dele, a ver si llegamos los primeros”. Como dirían en Argentina… ¡Tal cual!. Por cierto, el “reboludo” era un tal Saccone, Un tipo especial, con un brillo en la cara (más algo de sombra debido a su nariz) que disfruta tremendamente de lo que hace.
Sin necesidad de tener nada lo tiene todo, algo que le da una tremenda libertad para trabajar disfrutando y disfrutar trabajando. ¡No te tendré en cuenta lo de mezquino!  A su favor, comentar también que tuve a mi servicio a su guardaespaldas particular. Un señor al que llamaban “Cabeza”, que no paraba de darme feedback positivo durante mi ponencia práctica con indicaciones del tipo de: “Así no profe”, “Coloque mejor el material”, “Dese prisa que le quedan 15 minutos”, “Ese gesto técnico está mal hecho” o “Usted no sabe patear”. ¡Qué gran tipo que es usted “Cabeza”!. Espero verle muy pronto. Destaco también su humildad y generosidad. Le deseo lo mejor en sus futuros proyectos.
Gran viaje, en el que por primera vez en mi vida me invitaron a mear. Bueno, no solo a mi, fueron hasta cuatro las personas que se unieron al evento gracias a la cortesía de un tal Diego, apodado el “Ruso”, al que no veía desde hacía algo más de 6 años. Un tipo que se hizo querer por todos por su gran sencillez y amabilidad. Todo esto sucedió después de que alguien llamado Roberto me abriera los ojos, metodológicamente hablando, con su visión del entrenamiento del uno contra uno. Gracias a él, hoy soy mejor entrenador. Todo hay que decirlo.
Volviendo a la invitación, el ruso era el único que tenía pesos (moneda local) en sus bolsillos, y para acudir al baño había que pagar 4 tickets primero. Nada más y nada menos que 1.200 pesos tuvieron la culpa. Nunca mear me resulto tan caro. Antes de todo esto otro argentino apellidado Galfioni, que se tuvo que romper el ligamento cruzado de su rodilla para saber que su destino era ser entrenador de arqueros, ya había abandonado el grupo tras bajar de un autobús en el cual vimos abrir botellas de refrescos con un mechero, haciendo un ruido como si de la apertura (no clausura) de botellas de un caro champán se tratara. Fue un congreso de “entrenadores de arqueros de la calle”, especial, entrañable y entre amigos. Nadie compitió contra nadie, ni tan siquiera uno que se encontraba en una lista FIFA como uno de los 100 mejores entrenadores de porteros del mundo que, por cierto, no fue invitado porque el evento estaba organizado para los que ocupábamos posiciones de ranking por debajo del número 100.