La última voz antes de la batalla, por José Manuel Santisteban

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La última voz antes de la batalla, por José Manuel Santisteban

Se suele decir que para gustos los colores, y no menos cierto sería argumentar hacia nuestra profesión, que cada uno es libre de realizar lo que crea más oportuno antes del comienzo en un partido oficial. Y como no podía ser de otra manera, todos y cada uno de nosotros los técnicos especialistas en porteros, además de las manías, metodologías, rarezas, creencias, supersticiones, rituales, hábitos etc…
Dependemos si o si de algo que nunca podremos manejar en su totalidad, y es algo tan sencillo como la persona, es decir, nuestro portero, ese al que intentamos adiestrar en lo que defendemos como la mejor ayuda posible para sus intereses y por consiguiente los nuestros, llevándolo de la mano como si de nuestro vástago se tratase hasta la rampa de salida en las jornadas competitivas, indicándole en ocasiones de manera obsesiva como debería ser cada acción o cada minuto competido ante lo que le espera al otro lado.
En ese otro hemisferio del campo le aguardan los malos (CONTRARIO-RIVAL), esos que intentarán por todos los medios posibles a su alcance, hacer que la jornada competitiva tenga tintes dramáticos para nuestro portero, nuestros intereses y nuestra trayectoria. Pero no andarán solos para tal propósito los de en frente, ya que adheridos a ellos en su malévola causa estarán también como casi siempre, un montón de problemas técnicos, tácticos, institucionales, jerárquicos, ambientales, emocionales, y por supuesto lo que envuelve a todos ellos, el propio desarrollo competitivo (EL PARTIDO).
Y no se me ocurrirá pasar de puntillas por algo que debe ser resaltado sobre manera,  la mención especial ante lo que se han propuesto los ingenieros publicitarios adjudicándose su minuto de gloria para tal menester, empecinados todos los que se dedican a ello en llamarlo última tecnología temporada tras temporada, brillando con luz propia en el letrero tildado como enemigo número uno para nuestro vocabulario porteril; EL BALÓN.
Un ENTE que normalmente parece poseer vida propia,  teniendo registradas las innumerables trastadas ocasionadas que se gasta cuando marca sus enrevesadas trayectorias y velocidades, dignas muchas de ellas en ser visionadas por la DGT, ante posibles retiradas de puntos saltándose los límites marcados por ley. Habiendo descrito ya la cantidad de ruido existente antes de la batalla, me hace reflexionar desde hace ya bastante tiempo, incluyendo aquella época cuando me enfundaba mis respectivas manoplas, que la dependencia ante los que tenemos a nuestro cargo ME MARCA como premisa indispensable en mis ideas, y por consiguiente en la denodada búsqueda de sintonía o feeling recíproco.
SABERLO ESCUCHAR hasta en sus silencios más prolongados, intentar RESPETAR sus espacios aunque sean los más amplios del lugar, ASENTIR pese a faltarnos contundencia en nuestras creencias ante lo percibido, ESGRIMIR con la delicadeza más profunda sugerencias de cualquier tipo, aun no siendo estas en su totalidad las que intentaríamos esbozar en primera persona.
Esto viene propiciado por las características personales de los porteros a los que entrenamos, y que estos a su vez sin lugar a dudas, tendrán otros características distintas de las que nosotros siempre sacamos a relucir como alarde generoso de lo que éramos (o seguramente nos PENSAMOS que fuimos).
Perseveramos en trasladar en ocasiones de manera cansina nuestros pensamientos más férreos, o sea, todo aquello que usábamos cuando éramos capaces aún de enfundarnos los guantes sin equivocarnos de mano, y sin ser conscientes para percibir dudas a la hora de una posible ofensa al ojo del aficionado más crítico, sirviéndonos todos estos pasos como guión, fundamentos e idealizaciones propias, y excusándolos bajo el camuflaje como si de un legado mágico se tratase, de estar realizando el acto más generoso y desinteresado posible hacia los nuestros.
Les hacemos llegar a los que tenemos a nuestra vera futbolística unas directrices que fueron hechas a medida, basadas muchas de ellas en los principios personalizados como etiquetas identificativas, de cuando nosotros éramos los protagonistas del festejo.
Pero seguramente estos pensamientos tan propios, no permitirán que resplandezcan en muchas ocasiones como deseamos nuestras mejores intenciones, ya que los guardianes de nuestras porterías tienen estilos y personalidades propias. Como indiqué con anterioridad, una cosa es lo que nosotros creemos que debe llevarse a cabo, y otra cosa normalmente muy distinta es lo que sucederá en el partido, derivado todo por la gran cantidad de acontecimientos incontrolables que pueden suceder, empezando por sus mentes, y que como se suele decir en el ámbito futbolístico trasladándolo a la vida;
(CADA UNO ES DE UN PADRE Y DE UNA MADRE).
Soy de compartir información, transmitir mis formas en cuanto a la ejecución de acciones correctas, y de las posibles soluciones para la erradicación en problemas técnicos-tácticos-psicológicos, interrelacionándonos durante la semana (TIEMPO HAY DE SOBRA).
De esta manera la cual es mi forma de actuar, creo que nos hará estar a todos lo más cerca posible de un éxito sosegado, y ahí es donde se deberá hacer un mayor hincapié para corregir, direccionar, subsanar, aconsejar y por descontado,  orientar a nuestros porteros ante lo que pudiera ocurrir con más probabilidad durante el partido, la exigencia competitiva que nos espera, y sobre todo ante lo que deberá hacer frente con contundencia en el transcurrir de la contienda.
Mi manera personal e intransferible ya que así lo siento y reclamo, es la de no llenar más de lo que ya está su mente en la previa insertándole más datos, presión, inquietud, dudas, responsabilidad, miedos, etc…
No concibo aunque por supuesto respeto a todo el que lo haga, incrementar con carga negativa (RIVAL), un estado de ánimo ya de por si estresado ante lo que se cierne, dándoles a los míos hasta el último instante más información de la estrictamente necesaria, y si que intento hacerles saber todo lo bueno que pueden hacer, o simplemente hacerles llegar que sus minutos competitivos van a ser GANADORES.
Queda probado sobradamente para aquel que se enfundó el disfraz de portero de fútbol alguna vez, y para todos los insensatos que siguen haciéndolo semana tras semana, que lo que llevan ya como carga mental en sus alforjas competitivas, es un lastre lo suficientemente pesado como para que no sigamos sumando kilos a dicho recipiente, al cual deberemos tratar de aligerar de la manera más ocurrente y personal que ideemos.
Hacerlos sentir fuertes, poderosos, confiados y sobre todo dispuestos para asumir el reto establecido tanto de manera individual como colectiva, es misión nuestra, no sólo poniendo las mejores metodologías semanales, sino también cuando estamos en puertas de su partido, no ocurriéndoseme mejor manera de hacerlo que trayendo algo de calma, algo de tranquilidad, algo amable en el último instante, algo agradable al oído como consigna final, algo como una mirada cómplice, algo que pueda recordar con satisfacción.
En definitiva, que las últimas palabras o recuerdos antes de su batalla no sean recalcarle que fulanito o menganito son peligrosos, sino que escuche una voz amiga de verdad, esa que no viene en ningún libreto para la causa, esa que no se baja de internet, esa que no te la pasan por mensaje, esa que se distingue del resto de voces en ocasiones impropias que circulan alrededor,  esa que supone la compañía día tras día y que se la reconoce siempre, esa que es la última voz a la que aferrarse para entrar a la batalla. Y luego: Que Dios reparta suerte.
José Manuel Santisteban http://josemanuelsantisteban.blogspot.com @JMSANTISTEBAN1