Calvario de una lesión y vida al otro lado del fútbol, por Ian Mackay

Corría el minuto 80 de partido, un minuto que resultó fatídico en el campo del Mutilvera. Jamás pude pensar que una jugada tan simple como blocar un balón con las manos a la altura de mi rostro podría acarrear tanta desgracia. No pensaba en nada mas que hacerme con el balón rápido para montar rápidamente una contra. Y lo hice, pero al apoyar el pie para salir corriendo a sacar note como si alguien me diera una patada por detrás.
El dolor vino acompañado con un ruido similar al que hacen dos botas de futbol al chocar. Y eso fue lo que se me paso por la cabeza en un primer momento. Caí al suelo desplomado, convencido de que algún jugador adversario me había lanzado una patada por detrás. Tan convencido que al acercarse a mí posición un jugador adversario preocupándose por mi estado no se me ocurre otra cosa que decirle: “Pero chaval..¿Estás idiota? ¿Cómo se te ocurre pegarme semejante patada?.
No daba crédito cuando el jugador contrario, también sorprendido me contesta: “Mackay, fuiste tu solo. No hay nadie 5 metros a tu alrededor”. Mis compañeros corroboran el hecho y hay es cuando comencé a darme cuenta de que posiblemente era mi tendón de Aquiles, y que seguramente (tal y como ha sucedido) iba a estar mucho tiempo alejado de poder hacer lo que me gusta: Jugar al fútbol.
Confirmada la lesión en un primer instante te derrumbas. Comienzas a pensar en 1.001 cosas, y entre ellas que se acabó el fútbol. Te ronda por la cabeza la pregunta de ¿Qué voy a hacer tanto tiempo parado? Te empiezan a preocupar muchas cosas, demasiadas, y todas ellas tienen connotaciones negativas.
Desde el 3 de septiembre de 2016, me ha tocado vivir en el lado mas amargo del fútbol. Me toca convivir con una lesión de larga duración, nada menos que con una rotura en el tendón de Aquiles, que me está teniendo y me tendrá apartado de los terrenos de juego un buen tiempo. Ni tan siquiera estoy interesado en hablar de plazos en la recuperación. Prefiero ir semana a semana y sensación a sensación.
A pesar de ser una lesión de gravedad e importante, jamás me dará problemas si la rehabilitación es la adecuada. Lo que si, en cambió, me da problemas, es ver la realidad de lo que es el mundo del fútbol y todo lo que lo rodea. Saber que estaré alejado de los vestuarios por un tiempo, hasta que pueda comenzar a hacer algo de ejercicio. ¡Es lo que peor se lleva!
Tener la sensación de que ya no perteneces al equipo a menudo te invade la cabeza, aunque esto no sea así. Que no puedas ayudar a tu equipo desde el interior del terreno de juego no quiere decir que no lo puedas hacer desde fuera.
Con la lesión uno se da cuenta también que todo es muy bonito mientras estás jugando. Sobre todo cuando todo te sale bien, pues te sientes un jugador importante. Qué los representantes te llaman a montones y te calienten el oido diciéndote que pueden colocarte es este equipo o aquel otro. Las llamadas de los agentes, cuando todo te sale bien, son algo habitual y parte del día a día.
Y que decir de las llamadas de los directores deportivos y secretarios técnicos de los equipos. Te hablan maravillas de tu juego con objeto de que firmes en su equipo o que renueves por algunas temporadas más. Te vienen también a la cabeza esa marcas deportivas que te prometen 20 pares de guantes o 10 de botas. Todo, y digo todo, son facilidades cuando las cosas te salen bien.
Toda esa gente que uno piensa que estarían a tu lado no están. Ese representante que antes te llamaba a diario desaparece. No te pregunta ¿Cómo vas con la lesión? ¿Esta semana estás mejor? Ninguno te habla ya de ninguna oferta de trabajo. Las llamadas ya no son tantas. El director deportivo que antes estaba loco por renovarte también desaparece. Y ¿Las marcas? Sucede más de lo mismo.
De lo que ninguno de ellos se da cuenta es de cuando de verdad son importantes para nosotros, los jugadores. No los necesitamos en los momentos fáciles, sino en los difíciles, como es ahora el caso. Los necesitamos cuando estamos ahí abajo, cuando vemos que para volver a jugar tenemos que sufrir un calvario de 5, 6 o 7 meses alejados de los terrenos de juego.
Ni que decir tiene que estos sentimientos son en base a mi experiencia personal, y que posiblemente los jugadores que jueguen a un mayor nivel puede que no tengan las mismas sensaciones y el misto sentir, o que lo compartan a menor escala. Es duro, muy duro, lesionarse. Darte cuenta de que tu lesión es grave y que no podrás hacer lo que más te gusta en mucho tiempo. Te sientes destrozado, hundido, sin ganas de hacer nada.
Pero no todo es negativo. Ya el mismo día de la lesión comienzo a recibir infinidad de mensajes y llamadas de ánimo, apoyo, solidaridad… Lo cierto es que tengo razones para estar más que agradecido a toda ese gente que me está apoyando en estos momentos. Por los que lo han hecho personalmente y por todos aquellos que han utilizado las redes sociales para ello. Todo esto se ha convertido en un plus para seguir luchando y peleando por volver a los entrenamientos y la competición con más fuerzas que antes.
Con una lesión de estas características he aprendido que es importante tener la cabeza ocupaba. Por desgracia pasas mucho tiempo sólo y el pensar demasiado puede hacerte mucho daño. Hasta el momento han sido cuatro semanas con una escayola que apenas me permitía moverme. Frustrante cuando eres padre de un bebe de un año que aún no puede caminar y del cual no puedes hacerte cargo porque no eres capaz de moverte sin sujetar unas muletas. Ver que las personas de tu alrededor tienen que hacer todo por ti y que no puedes valerte por ti mismo me pesa. Me molesta ver como se sacrifican para atender mis necesidades.
El quitarme la escayola y comenzar con el “walker” ha sido como un soplo de aire fresco. Aunque no pueda apoyar la pierna ya que comenzado a visitar al fisioterapeuta, a poder ducharme sin bolsa. ¡Es increíble! Y digo increíble porque hacer cualquier cosa que antes te parecía insignificante y a la cual no le dabas importancia ahora te llena de energía. Una simple ducha sin una bolsa de plástico cubriendo tu pierna se convierte en un plus de energía positiva. Y ¿Ahora? Tan solo quiero seguir luchando para volver a los terrenos cuanto antes. Pero sobre todo, hacerlo con garantías y volver a ser el de antes.
Ian Mackay
Las lesiones, por desgracia, son también parte del fútbol y en determinadas ocasiones una oportunidad para crecer. A pesar de que se nos presentan en la puerta con “dolor” (sobre todo todo a nivel emocional) no dejan de ser una oportunidad para observar las cosas desde una perspectiva diferente. No dejan de ser una cura de agradecimiento por todo ese tiempo que estuvimos “sanos” y quizás nunca valoramos.
A menudo las desgracias, son nuestros maestros más “experimentados”. La situación por la que atraviesa Ian no es diferente a la sufrida por Victor Valdés hace un tiempo. Es por esta razón que en aquella ocasión no pude evitar escribir una nota en mi blog y en esta, en cambio, invitar a Ian a que hiciera lo propio en la Firma Invitada de este, nuestro espacio. Gracias de todo corazón por contarnos tu historia y desde aquí desearte una pronta recuperación y que vuelvas, tal y como tú dices, siendo el de siempre. Para todo aquellos interesados en leer una historia parecida pero con otro protagonista,  en este caso Víctor Valdés, os invito a pinchar en siguiente enlace:
Jon Pascua Ibarrola