Sin inventar la pólvora mojada se puede también encender una mecha

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Sin inventar la pólvora mojada se puede también encender una mecha

Y así, tras bajar de un ultimo avión recién llegado de Hong Kong no sin antes meterse entre pecho y espalda prácticamente treinta horas de viaje, tres aviones y dos escalas, el “profe” se pone de nuevo las botas y acude ilusionado a por esa hora y media del día que tanto sentido otorga a su vida.
Unas botas que él siempre siempre lleva en su equipaje de mano y nunca en la maleta que va en la bodega del avión (ahí siempre va su segundo par), no vaya a ser que en alguna de las paradas extravíen su equipaje y no pueda utilizar su más valiosa herramienta de trabajo. ¿Los guantes? La verdad, no los necesita. Ni tan siquiera tiene unos, según se los dan los regala. No va a lanzar el balón con la mano.
Tampoco quiere hacer una tesis doctoral acerca de trabajar desde el juego y desde las situaciones que este plantea y luego lanzar el balón desde tres metros, con esa que sale del tronco superior y termina en cinco dedos, a unos tipos que ya superan la veintena de años. Aunque sabe que por caminos diferentes también se puede llegar a Roma. Pero con coherencia, siempre con coherencia.
Vive sin ser cautivo de idiomas ni de ideologías y a veces se ve obligado a sumar, restar, multiplicar y dividir en lugar de lanzarse a las integradas y los logaritmos. Lo hace por su gran sentido de la responsabilidad, muy por encima del de su satisfacción personal cuando trabaja, que es directamente proporcional a la satisfacción de la gente a la que entrena. Ilusionado con poder trabajar desde las situaciones del juego y de otra manera algún día, a la vez que paciente porque sabe que esto no depende de él.
Que sueña con poder entrenar en un césped de hierba natural con una gran cantidad de material y olvidarse de las doce picas de las cuales dispone, porque sabe que el secreto de la vida es tener grandes sueños, expectativas moderadas y necesidades pequeñas.
Y sobre todo, y por encima de todo entiende que hay algo peor que no bailar y escuchar la misma música; estar sordo. Dedicado a todos aquellos que viven este trabajo desde la ilusión, y a los que algún día tendrán la oportunidad de hacerlo gracias a que persiguen sin descanso su sueño. ¿La frase del día de hoy? “Aquellos que eran vistos bailando, eran considerados locos por quienes no podían escuchar la música” (Friedrich Nietzsche).
Jon Pascua Ibarrola
Manila, Lunes 7 de noviembre de 2016.
Vídeo: Dos secuencias a cámara lenta de Ronald Muller, portero de la selección nacional de Filipinas, en una tarea de velocidad, motricidad y tiro. Un “clásico” dentro de mi metodología de trabajo y un provocador y generador de estados de “flow” por excelencia. Sin inventar la pólvora mojada también se puede encender una mecha.