La alegría de poder volver a ver a gente a la que aprecio

Disfrutando de nuevo de la compañía de mi familia pacense. Hacía dos años que no me pasaba por aquí y este año la visita era más que obligada. Una gente estupenda con un gran corazón. Poco a poco he ido viéndolos a casi todos aunque aún me quedan unos cuantos a los que veré entre hoy y mañana.
Ayer aproveché la tarde para darme una vuelta por el “Nuevo Vivero”, el estadio del Badajoz, para reencontrarme con viejos amigos, especialmente las niñas y dirigentes del equipo femenino del Badajoz. Allí estaba también uno de los mejores utilleros que he conocido nunca, el gran “Angelito”.
Aún recuerdo el día del ascenso a Segunda División B frente al Mancha Real, como había cerca de 15.000 espectadores en el estadio. Desde por la mañana, el y yo nos encargamos de cortar el césped y de pintar el campo. Era algo que hacíamos muy a menudo, nos encantaba además hacerlo juntos. ¡No lo pasabamos bien ni nada!
En ningún momento me arrepentí de tomar la decisión de abandonar en el Athletic y de recalar en un equipo que en aquel entonces militaba en Tercera División.
Y de verdad os digo, que si me tengo que quedar con algo de aquella temporada (2008-2009), no es el ascenso a segunda división B, ni el record de puntos obtenidos (101) ni el “Zamora” que conseguimos al mismo tiempo que nos llevamos el título de campeón de liga.
Si me tengo que quedar con algo, me quedo con las tardes que pasé ayudando a “Angelito” y las dos semanas que colaboré con la sección femenina del club. Eso en cuanto a lo deportivo ¿En lo personal? Sin duda alguna la gran familia del bar “El Velador”, un auténtico bar del oeste muy pero que muy especial.
Desde Badajoz, como siempre con amor, mucho amor, Jon Pascua Ibarrola.
Foto: Dos de las niñas que por aquel entonces entrenaban con uno de los equipos con los cuales yo estaba colaborando. Las he encontrado muy crecidas, en dos años con esas edades, las diferencias siempre son notables. Fueron dos semanas en las cuales creamos un vínculo muy especial y en las me llevé un montón de cariño de las niñas y que por supuesto, tuve el detalle de saber devolver. No las olvidaré nunca.

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