La sorpresa de los empleados del gimnasio Virgin Active de Melrose

Sorpresa mayúscula la que se han llevado los empleados del Gimnasio del Virgin Active cuando me han visto de vuelta esta mañana por las instalaciones. ¡Pensábamos que te habías marchado, coach! Me decían. ¡Todavía tenéis mlungu para rato! Les he contestado.
La palabra “mlungu” es como las personas de color  llaman aquí a un “hombre blanco”. “Umundu” sería lo opuesto, un hombre de color africano. Tras algo más de dos temporadas aquí, voy camino de pasar de un apelativo a otro. Sin ir más lejos Surprise Moriri, uno de los jugadores más emblemáticos de Sundowns, me toma mucho el pelo y me llama “African Man” haciendo referencia a mi larga estancia en Sundowns, todo un record para cualquier entrenador extranjero del cuerpo técnico del primer equipo.
Esta mañana, cuando he vuelto al gimnasio, es como si hubieran visto a un fantasma. “Todavía tendréis que hacer mucho “vudú” para sacarme de este país, el cielo seguirá siendo el límite para mi durante mucho tiempo” les decía. Todo sigue igual, me he vuelto a tomar un café “asesino” de mi camarero favorito y he vuelto a subir las escaleras rumbo a las máquinas de musculación como una moto.
Estoy pensando en llevar un poco de este café a “Ejército de las Tinieblas”, para que se lo tomen antes de una sesión de entrenamiento, pero no creo que sea buena idea porque ¡Se volverán tan rápidos que no los podréis ver ni en los vídeos! Y por cierto, hoy tengo día libre. Como dice la canción que muchas veces oímos a los aficionados y que nosotros mismos cantamos en el vestuario antes del comienzo de los partidos aunque con otro estribillo, y manteniendo la letra original ¡Sundowns I love you so much!
La frase de la tarde de hoy: “Mejor que el hombre que sabe lo que es justo es el hombre que ama lo justo” (Confucio). Desde Johannesburgo como siempre con amor mucho amor Jon Pascua Ibarrola, también conocido como “African Man”. ¡Muy buenas tardes a todos!
Foto: Ayer, mientras me tomaba un Merlot en la “Casa del vino”. Ahora que no nos oye nadie, comentaros que la copa se convirtió en botella, más que nada porque salía más barata y después del “sablazo” del dentista ¡Había que ahorrar por algún otro lado!

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