Only the Goalkeeper to beat (Francis Hodgson) por Alvaro de Prado

Only the Goalkeeper to Beat (MacMillan, Londres, 1998) es un libro del británico Francis Hodgson de lectura obligada, no solo para todos aquellos que jueguen de guardametas, sino para los que se sientan porteros y tengan inquietudes culturales o literarias más allá de las meramente deportivas.
Me atrevería a recomendar su lectura a porteros de otros deportes… e incluso ampliaría mi consejo a cualquier lector, porque, como figura en su tapa (texto que transcribo más abajo) In fact, goalkeeping is a lot like real life… opinión con la que coincido plenamente..
Más allá de los cansinos tópicos que mantienen que los porteros son especiales, que están todos locos, o que se sitúa en esa demarcación a los que no son suficientemente buenos para jugar en otras posiciones del campo (hecho que en mi caso debo admitir que es rigurosamente cierto, aunque también debo consignar que uno de los factores que me atraía de ser portero era la cuestión de ser diferente), ocupar la portería desde niño ha supuesto en mi vida una serie de innumerables beneficios que me han reportado jugosas ventajas a la hora de enfrentarme a exámenes, oposiciones, entrevistas, reuniones, concursos televisivos y a muchas otras situaciones de la vida.
No seré tan osado de afirmar que todos los porteros son especiales o que jugar en ese puesto te confiere unas características o virtudes singulares, pero sí mantengo que, personalmente, a mí ser portero me ha enseñado a estar solo, y a afrontar la soledad con calma, paciencia y templanza; a enfrentarme a hechos complicados y situaciones límite en las que había que pensar con claridad con el pulso acelerado, tomar decisiones o reaccionar rápido e incluso improvisar… en solitario, sin ayuda de nadie, sin paracaídas, ni red de seguridad. Me ha obligado a asumir en solitario la responsabilidad de mis acciones, a asumir culpas y a no buscar excusas fuera de mí… lo que inevitablemente me ha llevado a la auto-evaluación. Me ha dado un punto de vista singular, pero también me ha enseñado que desde otros puestos (del campo o de la vida) la perspectiva es diferente.
Empíricamente, me ha enseñado por medio del error, a veces muy dolorosamente, que el que elige pierde su libertad, que cada decisión que tomamos tiene consecuencias, que cada cosa que hacemos tiene repercusiones y que incluso el no-hacer también es hacer; que todo el buen trabajo de un equipo humano puede echarse a perder en solo instante, incluso en el último segundo, por un error de cálculo, una elección equivocada, una indecisión, una duda, o por una puesta en acción deficiente o inoportuna.
Mediante la constante toma de decisiones, jugar de portero me ha entrenado en la previsión y la anticipación a través un permanente cálculo mental de probabilidades, la valoración de posibles alternativas y el planteamiento continuo de la hipótesis ¿Y si…? Estar bajo palos me ha forzado a estar alerta y concentrado durante prolongados espacios de tiempo, y me ha adiestrado para convivir con periodos de una nada casi absoluta trufados de momentos de tensión, puro miedo y, en ocasiones, incluso pavor.
Queda por decir que, al igual que en la vida real, con mucha frecuencia, por desgracia, da igual la perfección, eficiencia y excelencia que alcancen el trabajo y la actuación de un arquero: puede no cometer ni un solo error y aún así ver perforada su meta y acabar derrotado…
Como despedida os dejo con la transcripción de la tapa del libro. A buen seguro os abrirá el apetito.
“Aguda historia del portero como deportista consumado y a la vez eterno marginado”
Ser portero es un arte y una disciplina en la que el sufrimiento está garantizado. Infravalorados, con frecuencia los porteros se entrenan aparte: cuanto mejores son, menos probabilidades existen de disfrutar de un partido. Dos chavales con un balón pueden montar un partido con tal de que uno juegue de portero. Sin portero no hay partido: su posición en boca de gol es donde se cuece la acción.
Francis Hodgson, que disfruta jugando de portero, demuestra que entender completamente cómo son los guardametas y cómo han ido evolucionando le da otra lógica al fútbol. Analiza qué tipo de carácter se necesita para jugar en este puesto y se pregunta qué podemos esperar de estos personajes en cierto modo fascinantes, en parte cabezas de turco, en parte líderes, perpetuamente en precario equilibrio entre el fracaso y el triunfo.
Álvaro de Prado
Así es… o no…  http://asiesono.blogspot.com/

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