Casi 3 años en Africa y la paciencia sigue siendo la madre de la ciencia

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Casi 3 años en Africa y la paciencia sigue siendo la madre de la ciencia

Uno de las cualidades más importantes que uno tiene que poseer para poder vivir y ser feliz en un continente como África es la paciencia. Es algo indispensable y fundamental, sobre todo cuando se viene de otro continente como Europa y esta acostumbrado a ver y a hacer las cosas de otra manera. Donde mejor se puede uno dar cuenta de todo esto es durante las concentraciones, un periodo en el cual la organización es siempre importante e indispensable.
No puede decirse que los problemas que van surgiendo sean realmente graves, pero esos pequeños detalles muy fáciles de arreglar que día a día se van produciendo y van incomodándote el día, no dejan de sucederse. Por ejemplo, en tan sólo un día en nuestro hotel de concentración de Bulawayo en Zimbabwe, ya puedo contar como anécdotas unas cuantas situaciones de este tipo:
– La primera: Ayer por la tarde llegué tarde al entrenamiento, que por cierto era en el jardín de la piscina del hotel, porque a los responsables del material se les olvido pasar por mi habitación para darme el “kit” que debía de vestir durante la sesión.
– La segunda: Al bajar a cenar, varios componentes de la expedición lo hicimos en pantalón corto y tuvimos que subir de nuevo a nuestras habitaciones porque nadie nos había puesto al corriente de que durante la cena debíamos de vestir pantalón largo. Entre subir y bajar, llegamos tarde a la cena.
– La tercera: Hoy a la mañana nos han despertado a las 07:00 de la mañana cuando lo tenían que haber hecho a las 07:30 pues el desayuno estaba programado para las 08:00 horas.
– La cuarta: Tras bajar al desayuno, el color de la camiseta que vestía no era el adecuado. Como no sabía cual tenía que vestir, me he puesto una cualquiera hasta poder ver que es lo que vestían los otros componentes del cuerpo técnico. Tras ver a nuestro fisoterapeuta, decido ponerme los mismos colores que llevaba él, pero al de un tiempo tengo que subir a mi habitación de nuevo pues este último tampoco estaba correctamente uniformado. Y os aseguro que uno termina cansado, pues viendo el funcionamiento de los ascensores del hotel y que mi habitación esta en la cuarta planta, tan sólo pensar que tengo que volver a subir por las escaleras hasta la 411, se me ponen los pelos de punta.
– La quinta: Al llegar al comedor puedes observar que las mesas todavía no están puestas de manera “completa” y que ni siquiera tienes un vaso para poder tomarte un zumo. ¿Y cuando acudes al “buffet”? Pues te das cuenta de que la comida esta fría y que todavía no han tomado la decisión de encender la plancha, o lo han hecho tarde con lo que tenemos que estar esperando un buen rato si queremos comer unos huevos “rotos”. O que el bote de “Nescafé” esta acabado y que ni siquiera han puesto cucharillas junto a las tazas de café. Os aseguro que contando situaciones como éstas, podría estar todo el día.
Cómo veis no son grandes cosas, pero son pequeños detalles que van incomodando la concentración y que tras el paso de los días te terminan agotando. Y no sólo diría con el paso de los días, me atrevería a decir con el paso de las semanas, los meses, y lo años. No por nada puedo decir aquello de que llevo más de 2 años y medio viviendo día a día situaciones similares a las descritas.
No obstante uno se termina acostumbrando, o mejor dicho resignando, de otra manera puedas acabar con una frustración terrible. Cosa que por otro lado en muchos momentos ocurre. El secreto como siempre, es tomarse las cosas con relativa calma y ponerse en la peor situación posible para de esta manera cuando las cosas salen mal, estar completamente preparado. Tal y como digo en muchas ocasiones aquí cada día ¡Es una nueva aventura! Y en África la paciencia, es la madre de la ciencia.
Jon Pascua Ibarrola
Martes 29 de enero de 2013, Bulawayo (Zimbabwe)

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