Las cuentas de la lechera con los rands y los dólares en Zimbabwe

Como ya comenté a lo largo de la semana pasada, en Zimbabwe no disponen de moneda local, esta se devaluó tanto que terminó desapareciendo hace unos años. Es por eso que el rand sudafricano y el dólar americano son la moneda de curso legal del país. Normalmente los grandes comercios disponen de cajas registradoras adaptadas que te dicen el importe en las dos monedas para que realices el pago en la que tú quieras pero esto no siempre sucede así.
Sin “papeles” me han pillado en el aeropuerto de Zimbabwe cuando me han cobrado 30 rands por una pequeña bolsa de gominolas. El precio era de 3 dolares americanos, que lo multiplican por 10 si lo quieres pagar en rands, en total 30 rands sudafricanos ¿El cambio a euros? Teniendo en cuenta que 10 rands son 1 euro, pues 3 euros. Vamos, sin ser muy listo me sale la cuenta de que 3 euros son equivalentes a 3 dólares.
¿Lo curioso de todo esto? Que el cambio cuando pagas en rands te lo dan en dólares y así siempre salen ganando. ¡Son unos fenómenos! El cambio real vendría a ser más o menos que 1 dólar es equivalente a 8 rands así que os podeis hacer una idea. En la recepción del hotel me sucedió algo parecido.
A mi llegada pedí un adaptador para la batería de mi portátil y me pidieron 10 dólares americanos de fianza. Le dije que no tenía dólares y que me dijera el importe en rands. 100 rands me pidió. Cuando iba a dárselos, la recepcionista me comentó:
– Cuando te vayas y me devuelvas el adaptador, te daré el importe de vuelta, pero en dólares.
– ¿Y cuanto me darás? Le pregunte.
– 10 dólares, me contestó.
– Eres la mujer perfecta, le dije.
– ¿Por que lo dices? Me preguntó.
– Porque además de lista, eres guapa. Anda, haz como que no me has prestado ese adaptador ¡Que esto es África!
– ¿Me lo vas a entregar cuando te vayas?
– Palabra del goalkeeper coach de Sundowns. A las mujeres nunca les miento, bueno sólo a veces, pero este no es el caso.
– Coge el adaptador y marcha, me dice sonriendo.
– Me voy pitando.
Y todo esto con mi mejor sonrisa, la de “Sweetman”. Tuve que poner toda la carne en el asador para llevarme ese adaptador por la “patilla”, que por cierto, se lo entregué a mi marcha.
– Sabía que me lo ibas a entregar, me dijo.
– ¿Por qué lo sabías? Le pregunté.
– Porque sabía que este no era el caso en el que ibas a mentir a una mujer.
– ¿Te digo un secreto? Le dije.
– Dime, contestó.
– De los hombres ¡Nunca te fíes! Pero yo soy “Sweetman” y puedes estar tranquila.
– Marcha de aquí, me dijo sonriendo.
– Me voy pintando.
Y así pasamos los días, sonriendo al mundo a la vez que hacemos nuestro trabajo, que por cierto, es el de entrenador de porteros. La frase de la noche de hoy: “Mostrando tu mejor sonrisa ya tienes más de medio camino ganado, usa tu talento tan sólo si es necesario”. Desde la alfombra de mi apartamento estudio de Melrose Arch como siempre con amor mucho amor el señor “Sweetman”. ¡Muy buenas noches a todos!
Foto: Una moneda de un dólar americano que me ha quedado en la cartera con tanto cambio para arriba y para abajo, y su equivalente en rands con las cuentas de la lechera que hacen en Zimbabwe. Al final me han terminado “tangando”. Pero que sepáis que ha sido porque les he dejado. ¿Alguién no lo ha hecho nunca al ajedrez o a las damas? Pues eso.

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