“El Uhmlanga o la danza del junco” por Itxaso Tellería Mugarra

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“El Uhmlanga o la danza del junco” por Itxaso Tellería Mugarra

El Uhmlanga acontece en Agosto o principios de Septiembre cada año. Se trata de un evento que atrae a jóvenes a todo el reino, más de 20.000. Durante una semana, las adolescentes recogerán juncos (planta estilo caña, típica en Swazilandia) de áreas específicamente seleccionadas. Las mayores recorrerán largos recorridos para dejar a las más jóvenes encargarse de dicha tarea en las cercanías de sus aldeas.
Ya está todo preparado para el gran día. El Uhmlanga o Danza del Junco comienza con el baño y acicalamiento previo a la aparición frente al Rey y la Reina Madre. Las jóvenes presentan cortas faldas artificiosamente confeccionadas con retales de tela y piel. Llevan el torso al descubierto y utilizan conchas e hilos de colores vivos en forma de brazaletes y tobilleras. Las princesas de la corte real lucen plumas rojas en su cabello.
Cada grupo de participantes exhibe coreografías y cánticos diferentes y muchas de las chicas llevan antorchas para indicar que estuvieron cortando juncos a lo largo de la noche. En último término, se reúnen alrededor de la casa de la Reina Madre para colocar minuciosamente cada rama alrededor de la morada real; simbolismo que indica que con mucho honor y respeto prestan sus servicios para fortificar la corona, a sus majestades. Se trata de un gesto de fidelidad.
“Todas las adolescentes del país bailan para su Majestad el Rey Mswati III, quién decidirá su conquista de este año; su próxima esposa”. Masindla levanta la mirada de la publicación y toma impulso para que se oiga bien alto “Falso! Bailan para celebrar su libertad, su disfrute de la vida, su falta de responsabilidades.
El Rey no elije a su mujer de entre ellas!” Se da cuenta de que está discutiendo con el aire. Hace una tentativa de tranquilizarse. Continúa, ahora ya sin hiperventilar “Hay muchos años en los que no hay esposas de por medio; o se puede dar el caso que él ya la tenga elegida de tiempo atrás, semanas, meses.
Es una fiesta que reúne a todo el país, por lo que el Rey aprovecha la ocasión para presentarla en público. La visten de manera especial y permanece separada del grupo. Se está dando a conocer a la nación” ahora ya me está mirando, como explicándomelo.
“Por Dios, son nuestras chicas jóvenes, vírgenes. Lo están festejando. ¡Se trata de darle valor a la virginidad!” Le miro y analizo su cara; me atrevo a preguntar: “¿potenciar la virginidad?” Se muestra satisfecho con mi interés. Prosigue con voz dulce “Sí; en los orígenes el objetivo era obtener el pack completo cuando éstas se casaran, la friolera de 17 vacas!
Ser virgen era requisito indispensable para acceder a semejantes montantes”. “Y hoy en día?” Clava la mirada a la altura de sus zapatillas de cuadros. “Hoy en día desafortunadamente una de las mayores amenazas que tenemos en Swazilandia es el sida. En términos porcentuales tenemos la tasa más elevada de todo el continente. No está demás potenciar la abstinencia hasta el matrimonio, hasta encontrar al hombre.
Es una manera de combatirlo, nos interesa seguir honrando a las jóvenes participantes del Umhlanga”. Me solidarizo con él, a fin de cuentas, tiene razones para detestar la rocambolesca interpretación mediática.
Tras un breve tributo al silencio, me arranco con nuevos aires: “Me han dado excelentes referencias de la roca Sibebe, que creo que queda cerca, no?” “Debes ir. Está cerquita sí, cuando llegues a Mbuluzi te darás de frente con las señales. Es sólo seguir las marcas amarillas”. Agarro la cantimplora y me lanzo a la expedición.
Itxaso Tellería Mugarra

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