La preciosa historia que hay detrás del portero Unai Alba Pagadizabal

No se a vosotros pero a mi me da un placer especial entablar contacto con alguien como Jon que es de mi tierra, y que por circunstancias de la vida ha tenido que buscar trabajo lejos de ella y con ello nuevas experiencias lejos de su familia, su entorno y de su tierra.

Una tierra que en mi caso, comenzó a ver como un chico de la localidad de Oiartzun (Guipuzkoa) soñaba con ser portero de fútbol y algún día cumplir su sueño de debutar en primera división. Debo reconocer que di comienzo a mi carrera deportiva jugando de mediocentro, pero tras la decisión de mi primer entrenador de fútbol 11 (que casualmente era vecino mío) de determinar que mi posición real era la de portero, no que quedo otra que dar continuación a aquel sendero.

Jugué hasta la categoría juvenil en el club de mi pueblo, momento hasta el cual un entrenador me comunicó que no contaba conmigo. Decisión que vino acompañada con el vaticinio de “Nunca jugarás ni tan siquiera en preferente”. No olvidaré aquellas palabras en mi vida.

Para su desgracia, años más tarde, tuvo que ver como firmaba por el Athletic Club de Bilbao en su plantilla de primera división. En aquellos tiempos, los de mí llegada al Athletic, el desafortunado vaticinador trabajaba como ojeador. ¡Desde luego como captador de jóvenes promesas no tenía precio!

Pero antes de eso y tras mi salida de Oiartzun,  clubes  como Ondarribia, Eibar y Real unión me fueron formando. No obstante antes de mi llegada al Athletic Club de Bilbao me vi inmerso en un parón o estancamiento importante en mi carrera y el proceso para llegar a la élite fue un tanto complicado.

Tuve que que buscarme la vida en equipos de tercera como el Zestoa o Lagun onak, donde jugaba en categorías de las llamadas “menores” pero disfrutaba enormemente de la calidad humana de todas las personas que me rodeaban.  Hasta que un día, por sorpresa, firmé por el Barakaldo, un club bizkaino que en aquel entonces militaba en la Segunda División.

Tuve la fortuna de “caer” por allí gracias a la recomendación de Mikel Aramaio, que casualmente era uno de mis rivales durante mi etapa en equipos de tercera. Una persona que se “mojo” porque veía en mi condiciones que ni yo tan siquiera podía apreciar en mi persona. Realicé dos temporadas muy buenas pero al inicar la tercera comencé a tener problemas porque no era capaz de compaginar el fútbol con mi trabajo, algo que me trajo a la cabeza la idea de abandonar el fútbol.

El levantarme todos los días a las 6 de la mañana, trabajar 8 horas y después recorrerme 200 kilómetros al día para entrenar comenzaban a cansarme.  Mi entrenador por aquel entonces, Iñigo Liceranzu, me convenció para seguir un año más. ¡Menos mal que lo consiguió! Me refiero a lo de convencerme, porque a la siguiente temporada, en el mercado de invierno, firme nada menos que por la primera plantilla profesional del Athletic Club de Bilbao cambiando totalmente mi vida.

A pesar de firmar tres temporadas por el equipo rojiblanco al verano siguiente me tuve que marchar del club porque no había espacio. Fue entonces cuando Andoni Goikoetxea confió en mí para que defendiera la portería del Hércules.

Llegué pensando que en Bilbao no iba a tener opciones de poder jugar y cual fue mi sorpresa, que en Alicante me encontré que en la pretemporada había nada menos que 5 porteros, algunos de ellos de la talla de Toni Prats o Sergio Aragoneses.

Mi primer día en el Rico Pérez no pude quitar ojo a la tribuna, pensando que quizás pasaría la mayor parte de mi estancia en el Hércules allí. Por fortuna, a la sexta jornada de liga, no es que tan sólo ocupara plaza en el banquillo, es que ¡Estaba jugando titular!

Ese mismo año, durante el mercado invernal, tuve la oportunidad de volver a Bilbao pero finalmente no pudo ser. También ese mismo año recordaré toda la vida como el día de nochevieja recibí la llamada telefónica más sorprendente de mi vida.

El Barcelona, había perdido por lesión a su portero suplente Albert Jorquera y yo estaba en la lista de candidatos para suplir su plaza. He de decir también que aquella lista era bastante larga pero el hecho de recibir la llamada y que mi nombre saliera en todos los medios de comunicación tanto de Alicante como de Barcelona como “futurible” me hizo mucha ilusión.

En Alicante viví los mejores años de mi carrera en lo futbolístico. Viví y disfruté de todas las experiencias posibles que incluyen un ascenso, un descendo y una ley concursal. Tuve la oportunidad también de convivir con compañeros de talla mundial.

Si tengo que ser sincero, cuando miro atrás y observo todo lo que ha sido mi carrera deportiva, si tengo que quedarme con un equipo, una afición y una ciudad ¡No tengo ninguna duda! Son el Hércules y Alicante. Por aquellas tierras siempre me decían que era vasco de nacimiento pero alicantino de adopción.

La verdad es que es una tierra que me ha dado muchas cosas, sobretodo una mujer y una niña preciosas, a pesar de que siempre llevo a mi tierra de origen en mi corazón y  la echo mucho de menos. Curiosamente, para que veáis lo que es el fútbol y la vida, de jugar el último partido con el Hércules en primera, la temporada siguiente pasé a hacerlo en el Orihuela. Lo hice de la mano de un gran entrenador como es Asier Garitano.

Fue un cambio terrible pero al fin y al cabo hacia lo que me gustaba, que no era nada más y nada menos que jugar al fútbol. Hicimos uns bonita temporada acabando jugando el Play Off de ascenso. Al año siguiente, también de su mano, firmé por el Alcoyano, equipo en el cual mi valedor no finalizó la temporada.

A nivel personal logré finalizar el año jugando todos los partidos y disputando de nuevo el Play Off de ascenso. Tras finalizar la temporada tuve que abandonar el club. Mi salida fue muy fea, y nunca perdonaré a cierta gente que dudaran de mi persona. Es verano no tuve fortuna en el mercado veraniego y me quedé sin equipo. Entre representantes y maleantes me marearon para nada.

Por suerte, de nuevo en el mercado inverna,l recibí la llamada del Ontiyent y aquí estamos de nuevo peleando. A pesar de haber cumplido recientemente 36 años, físicamente me encuentro genial y sigo disfrutando de cada entrenamiento. De momento quiero jugar dos o tres años más, aún sabiendo que soy un tío sensato y el día que vea que no estoy en condiciones de jugar a cierto nivel lo dejaré.

No obstante esa decisión la tomaré yo, y no la dejaré en manos de otros. Tras cerrar mi etapa como jugador me gustaría seguir relacionado con el mundo del fútbol pero no se si voy a ser capaz. Y lo digo porque es un mundo muy complicado. No estoy dispuesto a pagar ciertos peajes para trabajar en esto. Despues de este largo recorrido debo decir que en el camino he perdido muchas cosas; como estar lejos de casa, esfuerzo, sacrificio…incluso perdí a mi padre.

Tras haber trabajado con él durante mucho tiempo, el año y medio que permaneció enfermo antes de su muerte yo vivía en Alicante, algo que no me permitió pasar mucho tiempo con él. Es algo que aún me pesa y llevo desde entonces a cuestas.

La verdad es que este deporte y la portería me han dado algo que sólo los que todos dicen que estamos “locos” sabemos. El olor a césped, el sonido de una parada, la cara de complicidad de un compañero etc… A día de hoy, me quedo con las palabras de cariño y respeto de todos los compañeros con los que he tenido el placer de poder compartir un rato de juego como cuando éramos niños y tan sólo nos importaba pasarlo bien, sin problemas, y disfrutar del fútbol y del juego.

Eskerrikasko Jon, no solo por dejarme participar en la sección de la “Firma Invitada” de tu página web, sino por darnos fuerza a todos los que amamos la portería con tu día a día lleno de optimismo, trabajo y dedicación. Es algo que hace que sigamos adelante con una sonrisa y sin ponerle límite a nuestros sueños, porque como tu bien dices: “The Sky is The Limit”.

Unai Alba Pagadizabal

Querido Unai, leyendo esto, nadie podrá decirte que te han regalado nada. Tienes el más grande de todos mis respetos. A pesar de que no te conozco personalmente muchas veces he tenido la oportunidad de estar cerca de ti, en las instalaciones de Lezama.

Era uno de esos tantos que a menudo permanecían detrás de la portería, tras una valla, viendo cómo trabajabas durante los entrenamientos. Apenas dos metros nos separaban, unos cuantos menos de los que nos separan ahora, pero que fueron más excusa que los que nos separan ahora para tener la oportunidad de entablar contacto.

Te deseo toda la suerte del mundo de todo corazón. ¿La frase para el día de hoy? Como dijo una vez Sigmund Freud: “No todo depende de los deseos, pero, aun así, soy de los que han decidido intentar llevarlos a cabo”.

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