Transición de jugador a entrenador, por David Dóniga Lara

Mi nombre es David Dóniga, soy madrileño de 32 años y ex jugador de fútbol. Importante esta consideración, puesto que sólo haber sido jugador podía haber provocado que mi vida se orientara hacia donde lo ha terminado haciendo.

Siempre soñé con jugar a nivel profesional (fuera en la categoría que fuese), no por lo que arrastra el fútbol a nivel social, que puede ser el atractivo de tantas personas (comodidades, dinero fácil, popularidad), sino por lo relacionado con la ilusión de un niño que ve a sus ídolos en un estadio lleno, que desea meter un gol ante miles de personas o que anhela la sensación de escuchar el himno de su selección o de la Liga de Campeones antes de comenzar un partido, rituales, retos, momentos…

Esa ilusión que te hacía acostarte temprano en fin de semana con ganas de que llegase el día para levantarte  e ir “jugar” no puedo compararla a ningún otro trabajo, hobbie o dedicación en la vida. Ese anhelo, el olor a tierra o césped mojado, el tacto de la piel de las botas al calzarlas, la adrenalina del pitido inicial o el sentimiento que recorre tu cuerpo cuando metes un gol hacen mella en el alma.

Y por muchos años que lleves sin pisar un campo de fútbol, siempre vuelven a la memoria al golpear un balón que se les va a un grupo de chavales, en una “pachanga” con amigos en cualquier reunión o, como me pasa a mí más a menudo, cuando puedo entrar en una tarea, en un juego, o en un partido de entrenamiento con el equipo al que entrene.

Porque la vida, cuando me dio señales de que para jugar al fútbol de nivel iba a tener que sufrir más de lo que iba a disfrutar, supongo que por instinto o por intuición, me condujo a hacerme entrenador. Cuando tomas la decisión de dejar el fútbol de competición, joven y recién llegado a categoría nacional, no eres consciente de todo lo que eres consciente ahora.

Trece años después piensas que podrías haber jugado muchos años. Como entrenador aprendes cosas que si hubieras aplicado en su momento, hubieran aumentado tu rendimiento con un desgaste menor. Está claro que con ventaja es más fácil, y que si todos pudiéramos saber 10 años antes lo que sabemos ahora, entraríamos en la partida con las cartas marcadas.

Pero también estoy convencido de que los jugadores realmente buenos maduran en este sentido mucho antes. He ahí una de las muchas características diferenciadoras entre el top y el bueno, entre el bueno y el mediocre. Yo, mediocre jugador, ahora podría sacar más partido a mi fútbol. Lo noto cuando participo en mis propios entrenamientos, cuando juego.

Pero a lo que toca sacarle partido ahora es a los jugadores para los que trabajo, a los que debo mi dedicación, mí día a día. Supongo que la historia de mi vida es la historia de muchos soñadores despiertos que se obstinan en dedicarse a lo que más les gusta; en este caso, por eliminación, si no puedo ser jugador, ayudar a otros a sacar su máximo potencial es lo que me llena.

Pese a la opinión de familia, parejas, amigos o entorno que entienden, en numerosas ocasiones, sobretodo en los malos momentos, y no de mala fe, que el funcionariado, el trabajo fijo o lo seguro (aunque no te apasione, aunque no dejes el alma en ello, aunque esperes con tediosa paciencia la llegada del final de la jornada) son lo más conveniente para una vida recta, como dios manda.

Aunque tengamos tantos ejemplos de  historias similares, con tristes y felices finales, la mía, sin ser muy distinta a las de todos esos soñadores, no tiene final, ni bueno ni malo. Tiene tan solo un presente que merece la pena, que colma, con sus buenos y malos momentos, pero superables fácilmente por la plenitud en la que te mantienes, y eso es lo importante.

Si como digo hablar de mí, no tiene porqué llamar la atención a nadie (formación como entrenador, estudios de INEF, distintas titulaciones, experiencia: como muchos colegas de profesión), creo que hay dos cosas que pueden gustar de mis humildes reflexiones a los compañeros lectores:

– La primera, saber que la experiencia me dicta que si quieres hacer algo en la vida, algo que te apasiona, que llena de satisfacción tu transitar, debes hacerlo. Nadie tiene derecho a poner en duda tu potencial (y menos tú).

Ni tampoco tenemos derecho, nosotros mismos, a agobiarnos por la incertidumbre de no poder tener algo seguro. Sólo adaptarse a esa incertidumbre que es la propia vida hará que evolucionemos interiormente, pues en esa adaptación está el éxito (dentro de uno mismo; el éxito es propio, no de cara a los demás).

Una frase popular aplicada al fútbol podría decir que siempre habrá equipos mejores a los que entrenar, pero que eso no significa que no podamos disfrutar entrenando a cualquiera.

– Y la segunda, con menos carácter de “charla de abuelo”, conocer la experiencia de trabajar en la Liga Profesional de Fútbol Boliviano…

Si tenéis curiosidad de cómo comienza, cómo transcurre y cómo culmina esta incompleta aventura en el país donde más alto se juega al fútbol en todo el mundo, os emplazo al próximo artículo. Porque por muy alto que juegues, sea en el Héctor Siles de La Paz o en el departamental de Potosí, el límite queda aún más lejos… The Sky is The Limit!

David Dóniga Lara  @DonigaLaraDavid  http://laplanificacionfutbolistica.com/

¿La frase del día de hoy? “Quien pretenda una felicidad y sabiduría constantes, deberá acomodarse a frecuentes cambios” (Confucio).

Fotos: Años de David en fútbol base del Real Madrid en su etapa como jugador. Importantes por la relación que tendrían posteriormente estos años con su etapa en Bolivia como entrenador.

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