Quien tiene un amigo tiene un tesoro, por Luis Prado Soto

Lamentablemente, este es uno de los muchos males del entrenador de fútbol actualmente. Desde hace tiempo, llevo enviando mi curriculum vitae a unos cuantos clubes / países y, pese a recibir algunas contestaciones, lo que nadie ha hecho es pararse a llamarme o preguntarme cuál es mi proyecto. Todos, en el mejor de los casos, te dicen que les envíes tu cv y ya decidirán.

Siempre he pensado que lo mejor es conocer a la persona y, sobre todo, lo que implica poner en manos de esa persona una responsabilidad. Sea la que sea. Si tu equipo tiene un cierto valor (tanto económico como histórico) lo lógico es conocer a la persona en la que vas a depositar tu confianza. No me imagino a un hospital diciéndole a un médico: envíenos su cv para ver cuántas operaciones a corazón abierto ha hecho y ya le llamamos.

He pasado los últimos 10 años de mi vida entrenando en categorías inferiores y compaginándolo ocasionalmente con equipos senior, tanto masculinos como femeninos. Soy entrenador nacional, es decir, la formación la poseo y, además, creo que he pasado mi periodo de formación y horas de rodaje para asumir el salto al fútbol profesional. Irrelevante a todas luces para el 90% de los clubes si no vas con alguien de la mano.

Es complicado que alguien te dé la posibilidad de errar, la oportunidad de equivocarte. Como decía hace tiempo en otro artículo sobre las escuelas de fútbol: “Hay que dejar que los niños se equivoquen”. Desde todas las edades, cada jugador te enseña cosas distintas. Los más pequeños la ilusión por descubrir casi cualquier cosa, enseñar cómo se hace un control o cómo se golpea al balón de una determinada forma, etc… Con cualquier cosa, se quedarán prendados.

Los más mayores aprenden el fútbol que no se escribe, el que con los años y los partidos vas viviendo poco a poco. El que no sale en los libros. Todo, absolutamente todo, sirve para sumar y hacer del futbolista un deportista completo. En lo que a mi concierne, entiendo este deporte como algo global, nada concreto, nada es por definición bueno o malo. Por ejemplo cuando un equipo gana un partido sin jugar bien (matizable lo de jugar bien o mal) el debate está claro. O estás a favor estás en contra.

Me llama la atención la cantidad de comentarios que hablan de la destrucción del fútbol por parte de equipos que juegan de una determinada forma. Es evidente que hay estilos más vistosos que otros pero uno es tan válido como cualquier otro. Y son tan valorables los conceptos defensivos como los ofensivos.

De hecho, en el mundo del fútbol, el gol vale mucho dinero pero defender bien es tan difícil o más que atacar bien. Esos jugadores no tienen por qué costar menos dinero que los que definen los partidos. No obstante, para mí, el error que se comete es pensar que defendiendo no puedes atacar. O que un equipo eminentemente ofensivo, no sabe defender bien. No son conceptos antagónicos, es más, son conceptos perfectamente compatibles.

Por eso no creo absolutamente nada en que un equipo es “ofensivo” o “defensivo”. Creo en una idea y en una manera de hacer las cosas, no en una etiqueta. Creo que en el fútbol es necesario hacer análisis más concretos. Me niego a pensar que todo el trabajo se resuma únicamente en ganar o perder.

Ahora bien, lo que más pena me da en cualquier ámbito de la vida son los resultadistas. Y me da pena porque no saben disfrutar el camino. Creedme, os estáis perdiendo la mejor parte. Conformarse con ir de A a B sin mirar hacia los lados es demasiado simple. Demasiado fácil. En el fútbol actual existen demasiados muros y muy pocas paredes. De hecho, como entrenador nunca me ha gustado eso de “jugar como yo quiero” refiriéndome a mi equipo, más que nada porque yo no salgo a jugar.

Prefiero convencerlos de cuál es la mejor forma de llegar a B desde A. Lástima que el resultadismo sea el que nos señale el camino. El que nos marque las pautas a seguir en muchas ocasiones. El juez eterno de lo que está bien o está mal. Como si el trabajo, el esfuerzo y el sacrificio diario dependieran EXCLUSIVAMENTE de los números. Tengo el defecto de fijarme mucho en el trabajo de entrenadores como Wenger, Bielsa, Lillo…

Gente que está fuera de los focos y que, por suerte o por desgracia, no son devoradores atroces de títulos pero son gente que entiende el fútbol más allá de un número, más allá de un resultado y más allá de que el balón entre o no.

Recuerdo muy pocos jugadores (de hecho ahora no se me viene ninguno a la cabeza) que haya hablado mal de estos entrenadores. A todos los recuerdan como aquellos que les hicieron mejorar y les hicieron mejores, para que luego otros recogieran los frutos. La capacidad de enseñar sin exigir. Disfrutando el camino.

Y es así como entiendo yo este deporte. Hacer crecer a tus jugadores es tan importante como hacer crecer a tu equipo globalmente. Porque eso te hará crecer a ti como entrenador. Dotar a los equipos de una mentalidad clara.

Es evidente que es lo más complicado de hacer. Pero eso no tiene que ir reñido con filtrar sus actitudes y moderar sus aptitudes. No tengo amigos poderosos, pero ésta es mi idea de fútbol. ¿Quién se apunta?…

Luis Prado Soto

¿La frase del día de hoy? “Un entrenador no es mejor por sus resultados ni por su estilo, modelo o identidad. Lo que tiene valor es la hondura del proyecto, los argumentos que lo sostienen, el desarrollo de la idea” (Marcelo Bielsa).

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