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El mejor entrenador de fútbol base (Volumen II), por Llanos Quijada

En una entrada anterior habíamos comenzado a detallar cuáles son esas características que harán de un entrenador de Fútbol Base un gran profesional y un excelente formador. Podéis volver a leer el artículo pinchando en el siguiente enlace:
Si realmente queremos aportar lo mejor de nosotros mismos para fomentar el crecimiento deportivo y personal del equipo, muchos son los aspectos que no podemos descuidar y en los que debemos trabajar con ahínco y mucho esmero. Porque no hay  fórmulas infalibles para lograr el triunfo, pero sí hay factores que nos acercan al éxito si los ponemos en práctica, y que no deberíamos olvidar nunca: Compromiso, Entusiasmo, Esfuerzo y Trabajo.
Por lo tanto, otra de las cualidades que me gustaría destacar como imprescindible en un entrenador es la PASIÓN. No hay que perder de vista que la pasión es el motor que impulsa a llegar lejos. Cuando algo nos gusta de verdad, los desafíos que nos plantea alcanzar nuestra meta están teñidos de una ilusión y de una creencia absoluta en que los esfuerzos valen la pena, y que las victorias merecerán toda nuestra alegría y las energías invertidas.
En este sentido se puede decir que los educadores son forjadores de sueños. Y, ¿por qué digo esto? Pues porque por desgracia, aprender a ser feliz hoy en día es una asignatura pendiente, que se debería enseñar en muchos sitios.  Como entrenadores no podemos convertirnos en los únicos responsables de esta tarea, pero sí podemos aportar un granito de arena muy importante.
Y de una manera muy sencilla: dedicando tiempo y cariño. Dos cosas que están a nuestro alcance y que son muy valiosas para todos los niños, especialmente para aquellos que provienen de familias desestructuradas, o que utilizan los entrenamientos como vía de escape para salir de una rutina cargada de problemas. Nosotros vamos a ser ese espejo en el que se van a mirar los niños.
Por lo tanto, antes de encarar cualquier momento que vayamos a pasar con ellos, tenemos que aparcar nuestra desidia, el desencanto con el mundo, el estrés del día, y dedicarnos en cuerpo y alma al entrenamiento o partido que tenemos delante. Si disfrutamos de corazón de ese rato de desconexión, se traducirá en una diversión sin límites y de unas dimensiones tan grandes que nos contagiará de energía para hacer frente al resto del día.
Esos instantes de felicidad nos recargan las pilas para el resto de actividades cotidianas que nos resulten menos placenteras. Acude con tanto entusiasmo y alegría por lo que haces, que contagies a los demás con tu optimismo desbordado, inspirándoles a sentir lo mismo. Y que tu máxima sea: Prohibido entrenar o jugar con preocupaciones, mal humor o algo de desgana. Aquí la PASIÓN manda. ¿La frase del día de hoy? “La única manera de hacer un buen trabajo es amar lo que se hace” (Steve Jobs).
Llanos Quijada @LlanosQuijada

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