La gran virtud de equivocarse…, por Luis Prado Soto

El otro día me preguntaron cómo se hacía para que los niños/as mejoren jugando al fútbol. En realidad, simplificando la respuesta, la receta es una y simple: JUGANDO. Es evidente que hay muchas cosas que se pueden mejorar, trabajar y enseñar. El conocimiento y la experiencia ayudan a enseñar y a mostrar debilidades que, fácilmente, pueden ser detectadas y corregidas.
No obstante, para mí, el mejor aprendizaje es aquel que conlleva la equivocación. Efectuar una tarea repetitiva durante minutos y repetirla posteriormente durante semanas equivale a un aprendizaje de memoria. En edades tempranas esto es positivo (ya sabemos que los niños absorben todo lo que se les dice) pero también puede tener una vertiente negativa, el aprender defectos o taras que, más adelante, son complicadas de corregir. La regresión, si el aprendizaje ha sido erróneo, es muy difícil.
Por este motivo, me parece mucho más importante que cambiemos el aprender por el aprehender, el asimilar, el entender el motivo por el que damos ese pase, la razón por la que el control, si es orientado, nos ahorra tiempo y nos facilita las cosas para la acción posterior, el por qué de esa colocación del cuerpo a la hora de recibir el balón o los motivos por los que, si dejo correr el balón en lugar de controlarlo e irme, puedo sacar ventaja respecto al jugador que me está marcado.
Es decir, venir a recibir e irme…..o no. Como dice alguien que sabe un poco de esto: “toco y me voy, o no, o igual es toco y devuelvo, o toco y me quedo…”. Entender cada pequeña situación ayudará a comprender la globalidad del juego. Otra cosa de la que huyo es la evolución con el mismo contenido. ME explico. Esos niños que durante toda su formación solo quieren trabajar con un mismo entrenador y con sus mismos compañeros (ya convertidos en amigos).
Si muchos equipos están pensando en no dejar entrar a los padres a los entrenamientos de sus hijos, otra cosa que debería plantearse es la de “obligar” a que, durante toda la evolución y crecimiento deportivo de un jugador, existan al menos 3 o 4 entrenadores distintos. Beber de cuantas más fuentes posibles y no olvidar lo aprendido. Que la evolución se convierta en un sumatorio, en una combinación de sumandos que proporcionen un resultado mayor.
Diferentes opciones, diferentes métodos, diferentes maneras, estilos y tácticas. Diferentes en la concepción pero adaptables entre sí, capaces de otorgar al jugador una variedad tal, que su repertorio pueda ayudarle a elegir la mejor opción y no a decidirse por la más sencilla. Como colación a todas estas ideas y volviendo a la propuesta inicial, recordaba todos los jugadores y jugadoras que había tenido la suerte de entrenar.
Me puse a recordar y resulta que todos los que en su momento consideré los más talentosos de mis equipos, tenían una curiosa regla en común que cumplían a rajatabla: eran los que MÁS entrenaban. E incluso añadiría algo más, eran los que MEJOR entrenaban. Eran los que, justo después de acabar los entrenamientos, seguían pegados al balón. Así que, pese a no estar del todo convencido con la teoría de las 10.000 horas de Gladwell, si pienso que el trabajo, unido al error, puede dar grandes réditos en el fútbol o en cualquier actividad.
Luis Prado Soto Web personal http://jovenesairados.wordpress.com/  Twitter @cholinho

Comments are closed.