
Tal y como dijo Lucio Anneo Séneca: «No hay nada eterno y pocas cosas duraderas. Cada una es frágil a su modo, sus fines varían y, en suma, todo lo que tuvo principio ha de tener fin».
Hoy, a las puertas de cumplir 54 años y con una profunda sensación de gratitud por todo lo vivido durante los más de 25 años dedicados a esta profesión, tomo la decisión de poner fin a mi etapa en el fútbol profesional dentro del formato del día a día de los clubes. No se trata de una despedida del fútbol, sino de una evolución en mi manera de vivirlo y de un cambio de paradigma.
Esta decisión, consciente y meditada, nace de la necesidad de equilibrar y armonizar mis dos mundos: el personal y el profesional. Después de tantos años entregado por completo a esta profesión, siento que ha llegado el momento de reajustar las coordenadas de mi actividad profesional con el propósito de conceder un mayor espacio a otras dimensiones de mi vida, que hoy considero igualmente esenciales en aras de tener una mejor experiencia de vida.
Siempre he entendido la vida como un viaje, al que desde hace muchos años llamo ÍTACA, inspirado en la idea de que el verdadero sentido del camino no reside únicamente en alcanzar destinos y metas, sino en la transformación que experimentamos mientras las perseguimos. En ese viaje descubrí que la plenitud no consiste en tener más, ni siquiera en ser más, sino en vivir desde la conciencia, el amor y el servicio, poniendo nuestros talentos al servicio del bien común.
Desde esta perspectiva, la realización personal no culmina con el éxito profesional, sino cuando nuestra forma de vivir está en armonía con quien realmente somos. Desde esa comprensión nace esta decisión. Abraham Maslow explicaba, a través de una pirámide, que una vez cubiertas determinadas necesidades, emergen con mayor fuerza otras de un nivel más profundo. Más que una jerarquía, siempre he sentido ese proceso como un itinerario enmarcado dentro de lo que es la evolución natural del ser humano. Hoy percibo con claridad que mis necesidades han cambiado y que mi forma de aportar y de servir al fútbol también necesita evolucionar.

El taoísmo expresa esta idea a través del Wu Wei, el arte de actuar sin forzar. No significa pasividad, sino aprender a moverse en armonía con el curso natural de la vida, comprendiendo que el verdadero valor no reside en hacer más, sino en hacer aquello que corresponde, en el momento adecuado y de la manera adecuada. Mi contribución al fútbol nunca ha dependido del lugar desde el que trabajaba, de la categoría, el país, el club o el continente, sino de la calidad del servicio y el valor que podía ofrecer. Y esa convicción, a día de hoy, continúa intacta.
Este cambio de paradigma no surge de forma repentina. Ya estaba presente cuando, al finalizar la temporada 2023/24, tomé la decisión de renunciar voluntariamente al último año de contrato que me unía al Olympique de Marsella con el propósito de tomar distancia, observarme y pensar en el siguiente paso. Tras un año alejado del fútbol y mi posterior incorporación al Elche C.F al comienzo de la temporada 2025/26, tuve la oportunidad de volver a experimentar el día a día en el club con una mirada diferente. Y no solo desde el ámbito de mis funciones.
Esta última experiencia me otorgó una mayor claridad y terminó de confirmar aquello que llevaba tiempo sintiendo. Si bien mi idea es continuar vinculado a una profesión y a una actividad, integrada en un marco de servicio a los demás a través del acompañamiento en el crecimiento y desarrollo de otros seres humanos, deseo hacerlo desde un formato que me permita vivir con mayor equilibrio y coherencia respecto a mis necesidades actuales. Sobre todo porque hoy ya no me identifico únicamente con mi profesión, entiendo que soy mucho más que el puesto que ocupo o el club al que pertenezco y tengo claro lo que necesito y hacia dónde me dirijo.
Comprendo que aquello que busco en el mañana tan solo puede ser encontrado en la profundidad de un presente que descansa en lo que verdaderamente soy, y no en aquello que consigo. Ya no hay necesidad de conquista externa, porque la vida me ha enseñado que la plenitud no depende de aquello que logramos, sino de la forma en que vivimos.

Esta decisión también está profundamente alineada con uno de los principios espirituales que me orientan en mi forma de entender y de relacionarme con mi profesión, con el mundo, con el fútbol y con la vida: la Ley de los Espacios Vacíos. Nada nuevo puede llegar a nuestra vida mientras seguimos ocupando el espacio con aquello que ya cumplió su función. Una ley que nos enseña que la renovación requiere disponibilidad. Del mismo modo que la naturaleza necesita dejar caer las hojas para que broten otras nuevas, el ser humano necesita aprender a soltar cuando comprendemos que una etapa de nuestra vida ha completado su propósito.
En eso consiste la evolución. No solo en adquirir conocimientos o experiencias, sino también en desarrollar la sabiduría para reconocer cuándo ha llegado el momento de dejar ir y de soltar. Solo una mente, un corazón y una vida con espacio disponible pueden acoger plenamente lo nuevo. La vida es renovación. Lo único inmutable es el cambio. El vacío, desde esta perspectiva, no representa una pérdida sino una oportunidad. No es una carencia, sino el espacio fértil desde el que puede nacer una nueva forma de vivir.
David R. Hawkins, mundialmente conocido por haber desarrollado el mapa de conciencia, describía este vacío como un camino hacia la liberación, como una transición entre lo viejo y lo nuevo que exige atravesar el miedo y el dolor que nos produce soltar aquello con lo que tanto nos hemos identificado. «No te aferres mucho tiempo ni abandones demasiado pronto» es una invitación a este discernimiento.
Hoy, después de más de 25 años dedicados a esta profesión en este formato, decido transitar por ese vacío. Hoy elijo no permanecer por apego, no abandonar por cansancio ni quedarme por seguridad, sino marchar desde la comprensión de lo que soy y hacia dónde me dirijo. Y lo hago porque entiendo que esta etapa ya me ha entregado todo aquello que necesitaba aprender y porque siento, en lo más hondo de mi ser y de mi corazón, que ha llegado el momento de abrir un espacio a nuevas experiencias.
Hoy merece también la pena recordar, tal y como afirmó Theodore Roosevelt, que “El único hombre que no se equivoca es el que nunca hace nada”, y que las decisiones están para ser tomadas. Sabiendo, además, que equivocarse y el error no son contrarios a la sabiduría sino caminos para alcanzarla. Por eso me permito dar este paso con serenidad, amabilidad, ilusión, agradecimiento y sobre todo con alegría, mucha alegría.
A partir de hoy le preguntaré a la vida cuál es la próxima experiencia que tiene preparada para mí y dónde se requiere mi presencia para poner a su disposición todo lo que soy, todo lo que sé y todo lo que hago. Seguiré vinculado al fútbol, al aprendizaje y al desarrollo humano, a la vez que confiando en que ÍTACA seguirá revelándose paso para que yo continúe avanzando. Los trayectos y las etapas terminan, los propósitos cambian, y cuando uno aprende a soltar con gratitud, descubre que cada final no es otra cosa que el comienzo de un nuevo camino.
Nada de este camino habría sido posible sin todos los seres humanos con quienes he tenido el privilegio de compartirlo. Jugadores, entrenadores, cuerpos técnicos, directivos, empleados, aficionados, y tantas y tantas personas que, desde diferentes lugares, mentalidades, países, culturas y continentes, han contribuido a mi crecimiento, evolución y desarrollo. De todos ellos me llevo algo valioso. Desde aquí les expreso mi más profundo agradecimiento. Porque, al final, los mayores aprendizajes nunca provienen únicamente de las experiencias, sino de las personas que las hacen posibles. Todos han sido auténticos maestros y un espejo en el que mirarme para conocerme más a mí mismo. Gracias con todo mi corazón.
El fútbol ha sido mi camino durante más de veinticinco años. A partir de hoy seguirá siendo mi hogar, pero no será mi única forma de habitar el mundo. Porque, al fin y al cabo, el fútbol y esta profesión nunca fueron el fin. Siempre fueron el medio.




